El hollín de la Drummond

El hollín de la Drummond

Febrero 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

En días pasados los colombianos recibimos con beneplácito la noticia de la dura sanción que Minambiente le impuso a la Drummond, la multinacional que lleva un jurgo de tiempo explotando minas de carbón en Colombia. Sobra decir que las regalías que las multinacionales le pagan al gobierno por encima de la mesa están muy por debajo de los estándares internacionales (es probable que, por amor a la justicia y la simetría, sean muy altas las que pagan por debajo de la mesa). Como el 99% de las explotaciones mineras de Colombia, la Drummond incumple los más elementales protocolos ambientales. Los que visitan la Guajira o el Cesar pueden comprobarlo chapoteando en el lodo negro de sus mares y haciendo castillos negros con el carbón de la arena de sus playas (todo incluido).Los que buscamos signos de buenos augurios en las nubes, en las vísceras de aves sacrificadas y a veces en las páginas de los diarios, celebramos la sanción de Minambiente, por supuesto. Lo irónico del caso es que la sanción no fue provocada por un informe de los inspectores del Ministerio del Ambiente, ni mucho menos de los de Minas, ni del Procurador, tan acucioso cazando jueces que casan parejas gays, ni de la Contralora, atareada con la decoración de su nueva sede. No. La ministra de minas ordenó el cese temporal de operaciones de la empresa porque un periodista, sin los recursos de los ministerios, la Procuraduría o la Contraloría, publicó en las redes sociales fotos que evidenciaban cómo la Drummond seguía pasándose por la faja las normas y los plazos del Minambiente; y porque quiso la suerte que Daniel Samper conociera las fotos y amplificara la noticia hasta el número de decibeles necesarios para que la ministra tuviera que tomar cartas en el asunto.En honor a la verdad, hay que decir que la Drummond no solo ensucia: según León Valencia (revista Semana #1567) también establece alianzas estratégicas para librar a la sociedad del mugre de los sindicatos. Son mingas de contratistas y empleados de la Drummond, militares activos y retirados y paramilitares fogosos. Varios jefes de estos últimos han señalado en versiones libres a Jaime Blanco, contratista de alimentos de la Drummond, como autor intelectual del asesinato de tres sindicalistas que osaron denunciar la mala calidad de los suministros de Blanco.Agrega Valencia que Rafael García (“ventilador” central del escándalo de la parapolítica y exjefe de informática del DAS) asegura que entre Jorge 40 y Alfredo Araujo, gerente de la Drummond para sus relaciones con la comunidad, organizaron un frente paramilitar, generosamente financiado por la Drummond, para reforzar el esquema de seguridad de la empresa. Ojalá que este caso sirva para que el gobierno revise su legislación ambiental y sus tasas de regalías, para que abandonemos la miserable minería extractiva y optemos por la minería de enclave, y para que los señores de los clubes dejen de pensar que todas las multinacionales son maravillosas y todos los sindicatos mafiosos.PD.: Casi te envidio, Adolfo Vera. Ya apuraste ese trago amargo. Dentro de unos días ella será un dulce recuerdo. La mía en cambio se está apagando muy lentamente. Como te envidio (y que Dios me perdone) amigo de mi corazón.

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