El giro de Uribe

El giro de Uribe

Julio 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Venciendo su alergia a las entrevistas, Humberto de la Calle habló con Juan Gossaín: “A las Farc se les acaba su tiempo militar y su tiempo histórico” (sabe acuñar buenas frases el doctor de la Calle).Utilizó un lenguaje preciso y humano a la vez: “El predominio militar del Estado es indiscutible. La guerra estratégica ya terminó. Venció el Estado. Lo que queda es una resaca táctica que puede durar mucho tiempo y ser muy dolorosa”. Como buen estratega, atacó la moral del enemigo. “Poner bombas es muy simple. Eso afecta a los civiles pero no tiene ningún efecto militar”. Absolutamente vertical, reconoció la gravedad de la situación actual. “El proceso está en el peor momento desde que iniciamos las conversaciones… Es insoportable lo que está ocurriendo…”, y agregó una frase que revela de cuerpo entero la dimensión de la crisis: “Es probable que un día de estos las Farc no nos encuentren en la mesa”.“Lo que está ocurriendo” es la inexplicable escalada militar de las Farc: la masacre de los soldados en el Cauca, los ataques a la infraestructura nacional y a los ecosistemas, y sus terribles impactos sobre la población civil.Estas declaraciones causaron sorpresa porque es la primera vez que se escuchan tambores de guerra en la mesa de la Habana, y agravaron las preocupaciones que todos teníamos sobre la suerte de las negociaciones. Bueno, no todos, también hay millones de colombianos que están bailando en una pata por la reanudación de la fiesta de la guerra. Las víctimas bailan porque la guerra contiene una promesa de venganza; los ingenuos bailan porque están convencidos de que matando guerrilleros se resuelven los problemas de Colombia, y otros bailan porque son aves carroñeras. Esta fauna se divide en dos: los contratistas, proveedores de los insumos para ambas facciones, y ciertos sujetos de la oposición que tiene entre ceja y ceja las elecciones de octubre, y lo demás les importa un casquillo.El cuadro es grave y explosivo, sin duda, pero hay un factor que está pasando inadvertido: el giro en los últimos meses de dos actores muy importantes, Alejandro Ordóñez y Álvaro Uribe. Sin abandonar sus exigencias de “paz sin impunidad” y su taimada tesis de que Santos es un guerrillero vestido de Armani, ambos están adoptando una actitud proactiva. Alejandro Ordóñez ha morigerado sus comentarios y tenido acercamientos con altos funcionarios del Gobierno, y Uribe llegó hasta proponer que Las Farc paguen parte de su condena en zonas de concentración y conserven temporalmente sus armas.Sigue siendo enemigo del cese al fuego bilateral, pero es obvio que, una vez reunidos los guerrilleros de las Farc en ciertas zonas, el Ejército se abstendrá de atacarlos, o sea que el cese bilateral es una consecuencia inmediata de la concentración.A de la Calle le gusta la idea. “Me parece constructiva. Puede ser inoportuna pero es necesaria y realista”, le dijo a Gossaín.A las Farc, por supuesto, no les simpatiza la propuesta. Les produce náuseas… y nervios. ¡Les han puesto ‘conejo’ tantas veces! Para ellos, la concentración equivale a una rendición. Pero es probable que terminen aceptándola con algunos ajustes. Al fin y al cabo es una fórmula que simplifica tres problemas gordos: el nudo del punto de la justicia transicional, la seguridad de los guerrilleros desmovilizados y la verificación del cumplimiento del cese bilateral del fuego.

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