El encuentro Santos-Chávez

Agosto 12, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Chávez llegó a la cita sin disfraz, es decir, vestido de payaso bolivariano. En Santos se notaba la mano de su mujer: zapatos y correa marrón, pantalón camel y camisa de lino blanca. El Alcalde de Santa Marta se puso a hacerle mandados a Silvia Tcherassi en pleno acto protocolario y le regaló a Santos una guayabera bordada, un acto más propio de una cartagüeña emprendedora que de un alcalde. Fue mucho más chic el chafarote: tres rosas rojas, sin celofán ni azahar ni moñitos, para la canciller Ángela María Holguín. El discurso de Santos en el aeropuerto fue sobrio y piadoso: no quiso crear falsas expectativas sobre el éxito de la reunión y le pidió inspiración a Dios, pero la intervención de Chávez fue mejor: histórica, erudita, emotiva y poética a la vez. Alabó el paisaje, el mar y hasta el cielo de la ciudad con palabras tomadas de una carta de amor de Bolívar, y luego comparó su reconciliación con Colombia con la larga espera de Florentino Ariza por Fermina Daza en ‘El amor en los tiempos del cólera’. En el camino cargó niños sucios y abrazó a gentes humildes, imágenes con las que demostrará mañana que el pueblo colombiano lo ama y que sus problemas son exclusivamente con los mafiosos y los aristócratas colombianos. Luego, ya en la Quinta de San Pedro, los dos mandatarios se mostraron cordiales pero sin abrazos ni arrumacos ni carantoñas, no sea que de aquí a mañana, en la próxima mechoneada, los noticieros desempolven imágenes que los hagan quedar otra vez en ridículo. Además los contuvo el pudor, supongo. Un ex coronel no debe abrazar a un ‘mafioso’ ante las cámaras, y Santos no podía olvidar que hace poco dijo: “Cualquiera que sea el próximo Presidente de Colombia, así fuera la madre Teresa de Calcuta, tendrá problemas con Hugo Chávez”. Y así será. El dinosaurio aunque se vista de payaso Chávez se queda. ¿Qué se sigue ahora, luego de la entrevista Santos-Chávez? El comercio al detal en la frontera ya se reactivó porque es una operación cotidiana y natural que sólo con gran trabajo logran entorpecer los gobiernos de los dos países. El mercado industrial y de autopartes tendrá que esperar que el gobierno venezolano ponga a disposición de los importadores venezolanos cientos de millones de dólares a tasa preferencial (cuatro veces más favorable que la tasa corriente) para que paguen sus deudas a los proveedores colombianos. Las cadenas de distribución de alimentos tardarán un tiempo en restablecerse. Las comisiones bilaterales para asuntos económicos, sociales y de infraestructura van a funcionar rápido porque Chávez necesita mejorar la maltrecha imagen del chavismo antes de las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre, y porque Santos no puede arrancar con un fracaso en un tema tan sensible como el de Venezuela. Uribe le bajará al tono a sus denuncias sobre los campamentos de las Farc porque ya hizo el daño (y porque no le conviene que la Corte Penal Internacional mire hacia estas latitudes). Pero el problema seguirá allí. Aunque el perfil de las relaciones de Chávez con las Farc baje, seguirán siendo relaciones de camaradas. Pese a sus moderadas declaraciones de los últimos días, el hombre que mandó los batallones a la frontera por la muerte de ‘Raúl Reyes’ y que no le tiemblan los brazos para abrazar en público a ‘Iván Márquez’, no ha cambiado un ápice su jurásica ideología.

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