El Barbero del Socorro

El Barbero del Socorro

Febrero 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

En diciembre me aburrí costosamente por las calles de Ankara. Pero no le voy a achacar mi aburrimiento a Turquía. Lo que pasa es que los turistas son gente aburrida en todas partes, por eso compran chucherías, por eso viajan, creen que la felicidad está en otra parte. Bienaventurados los simples… Aunque no la conozco, estoy seguro de que Los Ángeles, «la capital del espectáculo», vive llena de gente aburrida, amén de señores desplumados y putañeros: la depresión total. Solo la gente aburrida busca diversión, es un axioma. Mamá, qué hago. Por eso dice el proverbio: Conviene a los felices permanecer en casa. Pero me desvío. De pronto escuché una música que me tocó. La cosa me sorprendió porque soy sordo irredento. No me gusta la música. Ni los músicos. Son tipos que quieren que uno esté mudo cuando en realidad quisiera estar sordo. Además esa petulancia… «el lenguaje universal»… su exquisitez… su inteligencia… pero vuelvo a desviarme. Siguiendo el hilo de la música llegué a una plaza grande y antiquísima donde un trío de cuerdas tocaba una pieza que me resultaba familiar y extraña a la vez, ¡y ahí me quedé quieto y de pie durante dos horas, yo, el sordo, el «pie plano», el que no resistiría de pie un striptease de quince minutos de Scarlett Johansson! Tocaron de todo. La Badinerie, de Bach, un joropo venezolano, una valsa brasileña, un torbellino colombiano… Luego supe que el trío era un cuarteto (contrabajo, tiple, guitarra y requinto), que dos de ellos eran santandereanos y el tercero venezolano, que estaban en Turquía porque se la pasan viajando por todas partes, y que los invitan de todas partes porque están considerados uno de los mejores tríos de cuerdas del mundo. Hay uno que toca guitarra y tiple (Ricardo Varela ha ganado tres veces el premio «Pacho Benavidez» al mejor tiplista), Edwin Castañeda toca el requinto y el del contrabajo es Carlos Acosta de Lima, una leyenda de la música venezolana. En el 2006 ganaron el «Gran Mono Núñez Instrumental». Pero yo no sabía nada de esto cuando llegué a la plaza. Supongo que mi sordera fue vencida por una poderosa conjunción: los tres son músicos clásicos y virtuosos (cada falange de cada dedo de estos tipos es un instrumento de alta precisión), su repertorio es una antología imprevisible de la música iberoamericana y sus interpretaciones son una mezcla feliz de jazz y folclor, de improvisaciones matemáticas y una vigorosa sensibilidad. O «el folclor vestido de frac», como dijo el crítico de Le Monde. O «una gratísima exploración de sonidos que guían la metálica agudeza y la agilidad del requinto, acompaña el repique fiel del tiple y respalda la hondura del contrabajo. En total, 28 cuerdas, 30 dedos y tres talentos extraordinarios asociados en un trabajo musical capaz de poner una sonrisa en los labios de Dios», como escribió Daniel Samper Pizano en la carátula de un disco del trío. Desde mi esférica ignorancia, me pregunto si al folclor iberoamericano no le han faltado más intérpretes así, es decir, músicos rigurosos y creativos a la vez, capaces sacudirle el polvo a la nostalgia andina sin desvirtuar su esencia, de fusionar lo mejor de dos mundos de una manera grácil, armónica y sorpresiva. ¡Ah, y una mánager como Yolanda Carrillo, alma y nervio del grupo!PD: El Banco de la República presenta hoy a El Barbero del Socorro a las 7:00 p.m. en el Centro Cultural Comfandi y mañana en Funmúsica. Entrada gratuita.

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