El Bando Creativo

Agosto 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La agencia de publicidad El Bando Creativo es una empresa singular por varias razones. La primera estriba en que, frívola como toda agencia que se respete, se ha especializado en campañas sociales y ecológicas de alto calado (EPSA, Gases de Occidente y la World Wild Found y NatGeo son algunos de sus clientes). La segunda consiste en que, pese a lidiar con temas tan monásticos, hace campañas, no cantaletas. Las piezas diseñadas en El Bando promulgan un mensaje, sí, pero no descuidan el humor ni la estética. La tercera consiste en que tiene, además de sus creativos, un director espiritual radicado en la selva, León Octavio Osorno (Balita). La cuarta, y quizá la más importante, es que su director ejecutivo, Roberto Caro, pronuncia unas tres frases por semana, cuando está locuaz. La quinta es que, sin picárselas de editores, han publicado más de 1400 títulos cuyas portadas son una lección de diseño, y sus páginas están diagramadas con la combinación exacta de texturas, puntajes, márgenes, fuentes e interlineado para asegurar una legibilidad perfecta. Mientras que todas las editoriales del mundo repiten la salmodia de un formato clásico (título, ilustración, autor), las portadas del Bando juegan a fragmentar la ilustración, o a prescindir de ella y hasta de las viñetas, y lo apuestan todo al “aire” y a los grafemas, en unos diseños bellos y simplícimos (como los de la espléndida revista de poesía La clave, una publicación de la que me ocuparé en una próxima Plana). El Bando utiliza un mínimo de elementos para ponerle sordina a lo accesorio, al “ruido”, y maximizar así el protagonismo del mensaje.Después de treinta años de peregrinar por todo San Antonio, la Agencia estrena sede propia en San Fernando esta noche. Para la ocasión, han invitado a Hugo Candelario, Linus Sax y el acordeón de Balita. Oportunista como cualquier Messi, aprovecharé para lanzar allí El espejo y la moneda, un libro de ensayos que se ocupa de la moda, esa geometría glamorosa, ese río que pasa y queda; de la ciudad, perímetro de leyes y trampas, de fuentes, jardines y cloacas; del sexo, la forma más obsesiva del fuego; de la invención de la belleza y el nacimiento del individuo; de las cambiantes formas de los metales: el puñal, el arado, el espejo y la moneda; del número y las cosas; de la historia de la universidad; del CI de la mujer; del vino, el fútbol, los libros, Google y los genios precoces.No me siento un intruso en esta fiesta porque El Bando es mi casa. Allí editaron mi primer libro, Sacrificio de Dama, un volumen de cuentos al que Caro, fiel a su estilo, le quitó 347 frases que sobraban y lo dejó tan fluido que la gente creyó que yo escribía bien. El resto fue fácil. Por todo esto, quizá no sea muy feo que yo me tire en paracaídas en la fiesta de El Bando y presente ahí mi último libro. P.D.: A las 5:00 de la tarde del martes me enteré por un extra de NTC, el omnisapiente blog de Gabriel Ruiz y María Isabel Casas, que el Premio Nacional de Poesía 2013 del Ministerio de Cultura le fue otorgado a Horacio Benavides, una de las voces más pianas y poderosas de la literatura latinoamericana, por su libro La serena hierba. El jurado estuvo integrado por Piedad Fátima Bonnett, Ramón Cote Baraibar y Rómulo Bustos. ¡Salud, poeta!

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