Dos inventos

Abril 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Un accidente y un ojo alerta fueron suficientes para producir un invento humilde y extraordinario a la vez. La escena del suceso fue más o menos así.Simón Weissemann -judío, alcohólico, mecánico, extrapecista y tahúr- está sentado en un muelle de Buenos Aires. Es septiembre de 1956. Lleva 14 años en esta ciudad. Es emigrante de la Alemania nazi, de donde escapó de milagro en la época más estúpida de una de la nación más brillantes de la historia Europea. Viste un abrigo café de paño burdo, una camisa habana, sombrero marchito y zapatos combinados. En un bolsillo del saco tiene un póker; en el otro, una media de brandy. Espera a una de esas almas puras que creen que el póker es un juego de azar. De pronto un estruendo lo saca de la modorra. La cadena de una grúa de carga se ha reventado y una enorme máquina tipográfica cae y se estrella contra el suelo. Vuelan resortes, tuercas y tornillos. Un balín rueda exacto hasta los pies de Weissemann y deja sobre el pavimento una línea de aceite. El judío sonríe. En las escuelas ya no se usará más el empate ni en las oficinas el estilógrafo, los pupitres tendrán nuevos diseños, cambiará la caligrafía de la gente, se empolvarán en las estanterías las rumas de papel secante y la pluma fuente se convertirá en artículo de lujo porque esa noche en su cuartucho Simón Weissemann inventará el bolígrafo. Nota: dos hermanos húngaros, Ladislao y Georg Biro, habían diseñado en 1938 un instrumento de escritura muy semejante al de Weissmann, esto es, un cilindro lleno de tinta y rematado en un extremo por una bolita que al girar dejaba un trazo sobre el papel. El invento fue registrado y archivado en la oficina de patentes de Budapest, donde fue descubierto en 1967. El modelo de Biro nunca se comercializó porque la esferita se atascaba con frecuencia.La firma de Dios. Al alba del día 41 del diluvio salió el sol y Dios vio con estupor la tierra anegada. cadáveres de pájaros, reses, gallinas, perros, hombres, mujeres, ancianos y niños flotaban sobre las aguas. justos y pecadores flotaban.Algo debió conmoverse y vacilar en la soledad del buen Dios, porque ese mismo día prometió no volver a enviar sobre sus criaturas un castigo tan severo e indiscriminado. En prueba de su palabra trazó en el cielo su rúbrica, el Arco de la Alianza.Así se creó el primer arco iris. Los que vemos hoy día se forman por la descomposición de la luz del sol en las gotas de lluvia: entra a la gota un rayo de sol y salen de ella los siete colores del mundo: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Para contemplarlo basta estar de espaldas al sol y producir lluvia.Debemos la correcta dilucidación del fenómeno a sir Isaac Newton, físico inglés que explicó el abanico de color postulando que la luz blanca del sol estaba formada por una suma de colores que al atravesar las gotas de agua se desviaban en distintas direcciones por su diverso grado de refrangibilidad (es decir que cada color se refractaba en un ángulo que le es propio al cambiar de medio -en este caso, de aire a agua). Voltaire asegura que antes de Newton el arco iris ya había sido explicado por Antonio de Dominis y René Descartes. Dicen que donde nace el arco iris hay tesoros sepultados pero nadie ha podido llegar hasta allí y nadie llegará jamás porque si bien el iris es real y sucede en la atmósfera, el arco es un milagro virtual que sólo tiene lugar en la retina.

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