Disparo luego existo

Noviembre 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La humanidad y la guerra es un libro provocador desde la carátula: un cuadro de Tiziano, Caín y Abel, como sugiriendo que la guerra es más vieja que Matusalén. El libro hace parte de la investigación desarrollada por su autor para optar al título de filósofo en la Universidad del Valle -lo que no es deshonra-, y subraya algo que todos sabemos pero es bueno recordar: la humanidad ha vivido en guerra desde que el diablo estaba chiquito, y las guerras siempre se han librado por territorio, riquezas y mujeres -lo que no es poca cosa.Aunque han pasado miles de años desde el quijotazo de Caín al sapo de Abel, los móviles de las guerras siguen siendo los mismos. De las guerras ancestrales ni hablar: todas las tribus antiguas conquistaban territorio, robaban comida y violaban las mujeres. Y todas las guerras -las de Roma, las cruzadas, las de EEUU contra los países árabes o entre los países árabes o entre colombianos, las guerras religiosas, antisemitas, jijads, preventivas, contra el eje x o del opio- siempre terminan en lo mismo: robando territorio, riquezas y mujeres (el territorio es para guardar las riquezas y las riquezas para que se las gasten las mujeres y volver a empezar la guerra que nos libre del bostezo de la paz).Para ilustrar desde la filosofía este viejo problema, Fernando Duque expone de aguda manera el pensamiento de Kant, Hegel y Freud, esos tres sabios ante los cuales se inclinan los siglos, y ante los cuales también me inclinaré yo… cuando los lea. Duque dice que para Kant la guerra es un ardid de la naturaleza para que el hombre, en el forcejeo de su “insociable sociabilidad”, encuentre caminos de entendimiento y llegue a una paz perpetua; para Hegel, es la oportunidad que la historia les da a los ciudadanos para que refuercen los lazos de solidaridad, afirmen la solidez de los Estados y aceleren el progreso para la afirmación de la libertad; Freud reflexionó sobre la estrecha relación que hay entre civilización y guerra, entre Eros y Tánatos, y cómo la cultura puede minimizar la neurosis individual y la colectiva.A pesar de ser cocinado en una universidad, el libro no es un ladrillo ni su autor un erudito más. Como buen filósofo, Duque sabe preguntar. ¿Es el hombre un experimento fallido de Jehová, o un hijo digno del belicoso Jehová? ¿Una criatura que nace mala y la sociedad la pudre? ¿Todo se jodió cuando los carnívoros cromañones derrotaron a los vegetarianos neanderthales? ¿Primará para siempre el cerebro reptiliano sobre el mamífero? ¿Somos una especie demasiado joven? ¿Lograremos algún día la conciencia necesaria para vivir en paz? ¿Vive la especie obsesionada con el suicidio porque se sabe inepta para la felicidad? ¿Disparo luego existo?Este libro cae como anillo al dedo en un país que no ha vivido un solo día en paz y que hoy está dividido en el debate, paz o guerra, para la terminación de su conflicto eterno… perdón, interno.Ahora que estamos en la onda de la paz, de la educación para la paz y nos alistamos para el posconflicto, este librito (solo tiene 80 páginas y se lee en dos horas) resulta absolutamente crucial para pensar con hondura y sin fanatismos en la demencia de la guerra y porque el país patina en ese rayón colectivo hace por lo menos 500 años.Su lanzamiento de La humanidad y la guerra será este viernes 7 de noviembre a las 7.00 P. M. en la Biblioteca Departamental. La presentación estará a cargo del senador por el Valle del Cauca Jorge Iván Ospina.

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