Deberían pedir perdón

Octubre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Cayó bien que Timochenko pidiera perdón en Cartagena. El que pide perdón se humilla ante el ofendido. Es un acto que restaura, que restaña. También dignifica al que lo pide porque revela humildad y sentido crítico. Este gesto no basta para beatificar a las Farc, claro, pero atenúa su bestialidad (ahora falta que la sociedad les pida perdón a las Farc por negarles derechos elementales en 1964, excluirlos de la política durante los 16 años del Frente Nacional, arrinconarlos luego hasta volverlos fieras y volver a excluirlos ahora, en el plebiscito del domingo. Armitage dixit).Pero no son solo las Farc las que deben pedir perdón. También deberían pedirlo los bancos por su metálica indiferencia, la usura voraz y el reiterado descaro de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.En lugar de vociferar cínicamente contra el Súper de Industria y Comercio, los carteles industriales deben pedir perdón al consumidor, respetar las leyes de la libre competencia y honrar el credo que dicen profesar, la economía de mercado.Deben pedir perdón las EPS por su costosa e inepta intermediación. Son solo eso, intermediarios entre el enfermo y el médico, pero atropellan al uno y al otro, los roban a ambos, limitan los tratamientos de manera criminal, meten sus largas uñas en los recobros al Estado y vociferan como cualquier cartel.Deben pedir perdón los políticos por envilecer el oficio más clave, la administración de la cosa pública, y convertirlo en foco y matriz de todos los problemas sociales.Debe pedir perdón Uribe por manipular los instintos más bajos del ser humano, por ser tan carepalo como para darnos lecciones de ética cuando 28 alfiles suyos son prófugos o reos, por la burda fábula castro-gay-chavista con que ganó el plebiscito y por orquestar la más vasta contra-reforma agraria de la historia del país.Debe pedir perdón Juan Manuel Santos por no tomar medidas de corte socialdemócrata e insistir, en un país del tercer mundo, con un modelo económico que hace agua incluso en los países desarrollados. Y porque un presidente de Colombia no puede vivir de espaldas al campo... bueno, sí, la indiferencia hacia el campo hace parte del perfil de los presidentes colombianos.* * *Llegará a La Habana en los próximos días un barco cargado de uribistas. Está muy bien. Allá están los “actores del conflicto” y Uribe es una figura estelar. Dice representar a la mitad de los votantes. ¡La culebra está gorda! Va a cobrar los dividendos de esta cauda. Pedirá el oro y el moro. La paz se encarece pero el posconflicto fluirá mejor con él, sin duda. Dentro de un tiempo (¿meses, años?) se firmará con las Farc un acuerdo idéntico al de Santos pero con la bendición del payaso más serio del mundo. O se convocará a una constituyente que vuelva a derogar el manoseado “articulito” y le despeje al senador el camino a la reelección.Todos los representantes arriba mencionados (políticos, Farc, carteles y otras yerbas del pantano) deberán resolver la encrucijada en que nos dejó el resultado del plebiscito. Que Dios los ilumine ya que Él los creó (y que de paso pida perdón por el divino descache).Mientras escribo, Uribe y Santos conversan en Palacio. El culebrero contra el tahúr. ¿De qué hablarán? ¿Es el match del siglo o la cumbre del miti-miti? No hay que esperar mucho de esta reunión.Sigue en Twitter @JulioCLondono

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