Cuentos exactos

Cuentos exactos

Octubre 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

El cuento y la literatura son criaturas muy jóvenes. Datan apenas del Siglo XIX. Me refiero al cuento como género autónomo, no como parte de un relato de larga extensión, y a la literatura en cuanto campo sociológico: círculos literarios, críticos, escritores con estatus profesional, industria editorial, grandes tirajes.Claro que ya estaban escritos los cuentos de Las mil y una noches y los del Decamerón, y que la historia sagrada y las mitologías son verdaderas antologías del género. El cuento debió tener su origen en las primeras noches del mundo, cuando los animales erguidos se reunían en torno al fuego, bajo la bóveda constelada de soles helados, para dorar perniles y conversar.Pero los manuales fechan el nacimiento del cuento hacia 1830, cuando Balzac y Merimée en Francia, y Hawthorne y Poe en Estados Unidos concibieron el cuento como una pieza autónoma.Yo crecí bajo la dictadura de la poética de Poe, el borracho que ordenó que el cuento debía ser una máquina de fascinar que operaba con una mezcla de ingenio y tensión en partes exactas. Y como las historias ingeniosas no toleran finales ‘abiertos’ ni muy tranquilos, me aficioné a la lectura de cuentos con desenlaces sorpresivos y ‘cerrados’ (se llama ‘cerrado’ el final concreto. Definido. Si la cosa no queda muy clara, como en Kafka o Chejov, estamos ante un final ‘abierto’).Solo muchos años después, mis estudiantes de literatura me enseñaron a leer de otra manera y me mostraron el valor de los cuentos que no ponen el énfasis en el ingenio sino en la fuerza dramática de situaciones sencillas y cotidianas, como sucede con Raymond Carver o Abelardo Castillo, y comprendí que el mundo del cuento era mucho más amplio y poderoso de lo que yo pensaba. Pero era tarde. Ya había escrito casi todos mis cuentos bajo la poética de Poe.Con esta ‘plantilla’ escribí historias que juegan con las dos direcciones del pensamiento -la memoria y el presagio-, el Éxodo visto desde la margen egipcia, la vida interior de los niños, el proceso por brujería contra la madre del astrónomo Johannes Kepler, el ajedrez y la psicología de las máquinas, las tribulaciones teológicas de la Divinidad, la búsqueda de la fórmula del azar, la inadvertida logia de los bellos y el secreto último de la seducción. Publiqué esta colección el último año del siglo pasado bajo el título de Los geógrafos.Luego compuse cuentos ‘abiertos’ y reescribí historias de Borges, Arreola, Villiers de L’Isle-Adam, Lion Miller, Don Juan Manuel, Óscar Collazos… quizá con la vana pretensión de alterar lo inalterable, o para soñar que eran mías. Todo este conjunto, los cuentos viejos y los nuevos, los abiertos y los cerrados, los míos y los ajenos, serán publicados en un solo volumen en noviembre bajo el auspicio del Programa de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Cali, con el título de Cuentos exactos. Confío en que su lectura arranque al lector siquiera una sonrisa, “esa línea curva que lo endereza todo”, incluso un mal cuento.P.D.: Está abierta en la Biblioteca Departamental la muestra ‘Semilla, herencia y color’, una retrospectiva de la plástica de los últimos ochenta años. Por primera vez vemos reunidas bajo un mismo techo las obras de decenas de pintores, escultores, grabadores, serigrafistas, ceramistas, dibujantes y fotógrafos del Valle. Allí están las obras de Walter Tello, Bernardino Labrada, Édgar Álvarez, Lucy y Hernando Tejada, Mario Gordillo y Juan Fernando Polo, entre otros 57 artistas.Sigue en Twitter @JulioCLondono

VER COMENTARIOS
Columnistas