¿Cuál garra charrúa?

¿Cuál garra charrúa?

Julio 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Uruguay murió con las botas puestas, dijo un comentarista. Uruguay cayó como un grande, tituló El País. Estoy orgulloso de mi equipo, dijo el técnico Óscar Tabárez. ¿De qué hablan? Si se refieren al conjunto de la campaña de la selección oriental en esta copa, tienen razón. Uruguay hizo más de lo que se esperaba. Era el equipo más flojo de la representación suramericana, clasificó al mundial en un partido de repechaje frente a la modesta Costa Rica y al final llegó más lejos que todos: pisó ‘cuartos’. Contra todo pronóstico, se metió en el cuadro de honor de la Copa y hoy es, al menos en el papel, una de las cuatro mejores selecciones del mundo.Pero si se refieren al partido frente a Holanda, están muy equivocados. La naranja mecánica les pasó por encima y los borró del campo. Si el 3-1 de Holanda frente a Brasil es un marcador muy amplio para lo que sucedió en el partido, hay que decir que el 3-2 de Holanda-Uruguay es muy estrecho para la superioridad holandesa. El primer tiempo fue parejo, discretamente parejo aunque menos malo que la gran mayoría de partidos de este Mundial, que han resultado jartos en lo futbolístico porque obedecen a ese esquema avaro y ultradefensivo que se inventó Holanda en el 70, el famoso ‘fútbol total’, pero a la vez ha habido algunos partidos emocionantes, aunque sólo sea por esa carga dramática que les confiere el escenario mundialista. Si me pidieran definir en pocas palabras la Copa Sudáfrica 2010, yo acuñaría un oximoron: ha sido un bostezo emocionante. Repasemos el partido. Lo mejor del primer tiempo fue el zapatazo cruzado de 35 metros del holandés Giovanni Van Bronckhorst que se estrelló en la parte superior del palo izquierdo de Muslera en el minuto 18 y se anidó en la red y nos estrujó el corazón a millones de suramericanos. Uruguay no se arrugó, es cierto, y 23 minutos después Forlán recibió un pase de Victorino, enganchó hacia dentro con la derecha afuera del área y soltó el zurdazo que empató el partido.Pero el segundo tiempo fue de Holanda. Fue una herradura, digan lo que digan los ‘profesores’ de la tele. Arjen Robben se dio el lujo de gambetear a sus pesados marcadores y les ‘cortocircuitó’ el cerebro en varias oportunidades. En cuatro minutos, entre el 70 y el 73, Holanda definió el partido con goles de Wesley Sneijder, el verdugo de Brasil, y Arjen Robben. En los minutos siguientes ambos desperdiciaron oportunidades claras, mientras que Uruguay no llegó nunca al arco holandés entre los minutos 45 y 85. ¡Cuarenta minutos! Por esto es que no entiendo esos comentarios sobre “la garra charrúa” y demás chorradas, como esa que le escuché a un comentarista que estaba viendo un partido en el que “Holanda terminó metida entre los palos”. Es verdad que en los últimos cinco minutos del tiempo reglamentario el partido se jugó en campo holandés y que Uruguay cobró tres tiros de esquina consecutivos pero la realidad es que el marcador era 3-1. No era una final dramática, al menos no para Holanda. Es verdad que Maximiliano Pereira anotó en el minuto 91, pero ya era muy tarde: faltaban sólo dos de los tres minutos de adición.Una aclaración final: me deprimió el triunfo de los inventores de ese antifútbol que terminó por imponerse en las canchas del mundo, pero esto no es suficiente para considerar “reñido” un partido que Holanda ganó con holgura.

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