¡Con Marta al poder!

Enero 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La noticia de la semana es la postulación de Marta Lucía Ramírez como candidata del Partido Conservador. El anuncio causó revuelo en ambas márgenes del Atlántico, provocó fluctuaciones agudas en los tableros de las bolsas del mundo y júbilo en los hogares de la señora Ramírez y del candidato uribista (un señor muy importante, cuyo nombre se me escapa en este momento, quien calcula que esta candidata le restará dos millones de votos al santismo en las elecciones del 25 de mayo). Aunque algunos quisieran que el pensamiento de Ramírez fuera tan rápido como su lengua, hay que aceptar que es una mujer inteligente y capaz. El punto más alto de su carrera política hasta ahora fue su fugaz paso por la jefatura del Ministerio de Defensa, cargo en el que hizo lo que estilan los civiles que pasan por ahí: vociferar día y noche contra las Farc o contra algún presidente del vecindario, no hacer preguntas incómodas a los generales sobre los contratos que absorben los $25 billones del presupuesto de esa gorda cartera, y posar para la foto luego de una operación audaz en la que no han tenido ni voz ni voto (como nadie ignora, la voz y el voto son del Comandante del Ejército, del presidente de la República o del gobierno de los Estados Unidos).La convención conservadora observó las reglas y los modales propios de nuestros zafarranchos políticos, aunque fue mucho menos turbia que la del uribismo, la verdad sea dicha. Al barón de la facción mermeladista (otrora los famosos ‘lentejos’), el disidente Roberto Gerlein, los ‘ramiristas’ le dieron un trato francamente excremental. Se cumplió la dura sentencia del talión: el que a popó mata, a popó muere. Otro de los precandidatos, un tal Victoria, tuvo una votación absolutamente singular: sacó un voto, el suyo, seguramente. También le fue mal al otro precandidato, el exmisaelista, exbelisarista, exM19 y autodesignado representante vitalicio de las Farc Álvaro Leyva, un señor que había llegado a la convención pisando duro porque fue el artífice de la noticia política de la semana pasada, el suceso generador del “nuevo orden” colombiano: la alianza Pastrana-Uribe.Lo cierto es que el ‘ramirismo’ tiene los segundos contados. Y los votos. La mayoría de los barones electorales conservadores (Roberto Gerlein, Hernán Andrade, Juan Manuel Corzo, Eduardo Enríquez Maya…) acompañarán a Santos. Con Ramírez se quedaron Omar Yepes y ‘Cielitolindo’ Salazar.El cálculo dos millones de votos es demasiado alegre. Noemí Sanín, una candidata más carismática que Ramírez y que representaba a un conservatismo unido, sacó apenas 893.000 votos en el 2010. Tampoco hay razón para las cuentas optimistas de Óscar Iván Zuluaga, que supone que Ramírez le restará votos a Santos. Es una suposición parcialmente cierta. Son votos que se le restarían a la Unidad Nacional, sí, pero no es menos cierto que Ramírez captará votos de la extrema derecha, el nicho natural del uribismo. Bien vistas las cosas, la candidatura de Ramírez es más una división de la derecha que del popurrí de la Unidad Nacional. Apuesto doble a sencillo que Ramírez y Zuluaga unirán sus centavos para fortalecer un poco sus acciones… y vendérselas finalmente a Santos, que las comprará a precio de ganga porque va a llegar holgadito a las elecciones de mayo.

VER COMENTARIOS
Columnistas