...Como el agua en el agua

...Como el agua en el agua

Junio 24, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Hay agua en el sistema solar. Se la encuentra en forma de vapor en la atmósfera de Mercurio, líquida en el interior de algunas perlas volcánicas de la Luna, y en forma de hielo en los casquetes polares de Marte. Si exceptuamos la Tierra, Encélado (la luna de Saturno) es el único lugar del sistema que la contiene en sus tres estados.El agua tiene propiedades providenciales: es un disolvente universal; como su densidad baja cuando se enfría, el hielo flota y forma una capa aislante en las superficies de los lagos y de los mares que impide que se congele toda la masa de agua, lo que significaría el fin de la vida acuática; su alto calor específico la convierte en un magnífico regulador de la temperatura: conserva el calor en las regiones frías y lo disipa en las muy cálidas; su peso la convierte en un buen generador de energía hidroeléctrica; el corto rango de temperaturas que necesita para pasar de sólido a líquido y a vapor (0-100 centígrados) facilita el vital ciclo hidrológico: evaporación, lluvias, escorrentía; su alta tensión superficial le permite ascender por los capilares de los tejidos leñosos de los vegetales, llevando los nutrientes de la tierra que luego serán ramas, hojas, flores y frutos; la fotosíntesis rompe la molécula de agua, libera el oxígeno, el mundo respira y brotan las orquídeas, el colibrí, el tigre y Mónica Bellucci. Para algunos investigadores, el agua de la Tierra se formó aquí mismo cuando se compactó por gravitación la nube gaseosa que dio origen al planeta. La nube era rica en hidrógeno y oxígeno, átomos que pudieron combinarse en virtud de las altas temperaturas, las altas presiones y las descargas eléctricas de esa atmósfera primigenia. Para otros, el agua fue importada desde el principio, cuando la trajeron los cometas que bautizaron el planeta con sus colas lacias y heladas.Si exceptuamos el presente, el agua ha sido siempre y en todas las culturas una sustancia sagrada. Y siempre, incluso ahora, la consideramos un fluido mágico, algo capaz de purificarnos mediante inmersiones en los ríos, abluciones en los monasterios o duchas en los apartamentos. Y siempre ha sido un espectáculo, que no podemos mirar sin un asombro antiguo, en el río que pasa y permanece, en la lluvia que cae y permanece, y en el mar, que oscila con un latido vasto y cósmico.En la Antigüedad se la consideró elemental, es decir, pura, distinta de todo y constitutiva del mundo. Por eso está en los cuatro elementos de Empédocles: agua, tierra, fuego, aire; y en los cinco de los chinos: fuego, tierra, metal, madera y agua. Pero sólo ella puede tomar todas las formas: el agua es aire en la nube, fuego en el rayo, tierra en el hielo y agua en el agua. Como casi no se deja hendir –o mejor dicho: como ‘cicatriza’ de manera instantánea–, el agua no es un buen soporte para la escritura, como la cera, la arena o el papel. Sin embargo, algunos persisten; como los barcos, que saben hendirla y dejan su huella en forma de estela; y las piedras, que se las arreglan para trazar allí círculos perfectos; o el poeta John Keats, que escribió la única frase que las mareas no han podido borrar: “Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito sobre el agua”.Hay un precepto sufí que nos advierte: “Cuídala, fue tu primer juguete y será tu último alimento”.

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