Carta abierta a J.M. Santos

Carta abierta a J.M. Santos

Junio 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Señor Santos, usted ha llamado a la “Unidad Nacional”, un concepto que se invoca en momentos de crisis: golpes de estado, magnicidios, catástrofes naturales, chavismo y pestes en general. ¿Cuál es ahora la tragedia, cuál es ese enemigo formidable que enfrenta la Nación? ¿Mockus? ¡No puede ser! ¿Quedó alterado para siempre el sistema nervioso de la U después de las reñidas encuestas de mayo? Puede ser. ¿Queda el país en crisis luego de ocho años de gobierno del Presidente más extraordinario de nuestra historia? Todo parece indicar que sí, que para salvarnos de las garras de las Farc y refundar la Nación Álvaro Uribe tuvo que volver trizas la unidad nacional e incluso la unidad suramericana (tarea que ha desarrollado junto con Chávez, el otro mesías).Por fortuna lo tenemos a usted, es decir, el continuismo discontinuo. Me explico: como su cauda y carisma son escasos, pero el pueblo colombiano adora a Uribe, usted promete cuidar el legado de Uribe; y hasta sus huevos, llegado el caso, “para que no se engüeren”, como dice él. Pero sobre todo para velar por la Seguridad Democrática, esa cosa que nadie ve pero todos aplauden, hasta Mockus, a pesar de que no es muy segura ni muy democrática (tal vez está hecha con el mismo tejido sutil de El traje del emperador). Por eso usted encarna la continuidad. Pero como hay asuntos discutibles en la actual Administración, usted promete también la discontinuidad: jura que trabajará para meter en cintura al DAS y a la corrupción, para recuperar la armonía entre los tres poderes, crear millones de empleos, construir millones de casas y elevar el nivel de la educación sin crear un solo impuesto, es decir, todo lo contrario de Uribe.Dios lo oiga, doctor Santos, porque la verdad es que, hasta ahora, no ha hecho nada por estas nobles causas. Nunca intervino para limar las relaciones entre su jefe y las altas cortes, aunque sí pudo, lo reconozco, generar crisis costosas con los países vecinos. En sus casi 40 años de vida pública no ha propuesto ideas para crear empleo. ¿Se las ha estado guardando para ponerlas en práctica en su cuatrienio? La educación no debe esperar mucho del Ministro de Hacienda que le recortó el presupuesto al sector. Tampoco deben esperar mucho los medios luego del antecedente de Cambio, la revista que denunció la infamia de los falsos positivos y las trapisondas de Agro Ingreso Seguro. No sé qué pasó entre bambalinas pero, a los que seguimos el caso, nos llamó la atención que su hermano, el gran periodista Enrique Santos Calderón, se fuera de El Tiempo a los 15 días del cierre de Cambio con un silencio que sonó como un portazo, mientras usted se limitaba a defenderse con una frase llena de desprecio: “¡Ojalá yo tuviera el poder de cerrar revistas!”. Los que pagamos impuestos tampoco esperamos nada de usted, el genio que subió del dos al cuatro por mil el gravamen a los movimientos financieros.Con todo, señor, admiro el poder de su bancada, sólida a pesar de las decenas de congresistas presos tras las rejas por parapolítica, y me relamo del poder de sus próximos parlamentarios: las esposas, los primos y los compadres de estos presidiarios. Pero sobre todo admiro su magnanimidad para luchar, contra un profesor y por la Unidad Nacional, hombro a hombro con los ex candidatos que hasta el 30 de mayo lo llamaron asesino, ladrón y paraco.

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