Carta a una niña desaplicada

Mayo 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

En diciembre recibí un mail: “Señor Londoño, pasaré 15 días con mis padres en mitad de la nada, ¡Panajachel, Guatemala, un sitio helado sin internet ni muchachos ni nada! Y todo xq perdí el semestre. Recomiéndeme tres libros, xfa”. Pensé asestarle una terna dura. Otto Morales, Ángela Becerra e Indalecio Liévano. Detesto las niñas desaplicadas, por más exuberantes y culiprontas que sean. No las resisto, pero me entró el paternalismo y elegí tres libros de cuentos: Ritos (Cortázar), El llano en llamas (Rulfo) y Los funerales de la Mamá Grande (Gabo) pero me imaginé la cara de la niña: “¡Y a este viejito no se le ocurrió nada + obvio, nada + rancio!”. Y entonces me decidí por estos tres.Rubem Fonseca. El brasileño tiene una fórmula inédita: crimen + sexo + teoría literaria. Son cuentos policiacos mezclados con reflexiones sobre el oficio de la escritura, porque el protagonista es un escritor. El sexo está apenas sugerido. Dos pinceladas eróticas para mantener la tensión y ya. “Mi vecina tiene dos piernas largas y unas gafas RayBan que le sientan muy bien”. Fonseca no es como Vargas Llosa, por ejemplo, que le tira al pobre lector un polvo explícito cada 17 páginas. Y las reflexiones literarias no son librescas (así evita que el cuento se le vuelva ensayo) sino que tienen un aire espontáneo y vital, como las que se haría para sí mismo un escritor en un bar. Y son cínicas, claro, como deben ser las historias si se quiere conmover a una niña culipronta y desaplicada. Y como corresponde al estilo de un ángel caído, v. gr. Fonseca, que vomita cuando le mientan a Cohelo.El segundo es Juan José Arreola. Para definir a este mexicano hay que usar un adjetivo fatal: moderno. Por eso pudo mezclar la literatura fantástica, la ironía y la ciencia. Por eso pudo enunciar “De escaquística”, un principio de filosofía natural: “La presión ejercida sobre una casilla se propaga sobre toda la superficie del tablero”. O escribir la letra del primer minicuento en clave de bolero: “La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones”. O escribir En verdad os digo, la historia del experimento de un físico de partículas que dedica su vida a tratar de pasar un camello por el ojo de una aguja. Obra movido por la bondad. Quiere salvar a los ricos buenos del injusto proverbio: “Primero pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico por las puertas del CieloEl tercero es Marcel Schwob, el sacrílego francés que introdujo descaradamente elementos de ficción en la biografía. Pero lo hizo con un lirismo, con una agudeza, con un pulso tan firme y con un conocimiento tan íntimo del biografiado, que su pecado se convirtió en una virtud ya clásica, al punto que Borges confiesa que copió de Vidas imaginarias el método para escribir Historia universal de la infamia: “Los personajes son reales pero los hechos pueden ser fantásticos”. La crónica actual, es decir, el producto estrella del periodismo literario (es decir, la fusión más importante de la historia de la comunicación), no sería tan libre y poderosa si Schwob no hubiera desbrozado el camino en la segunda mitad del Siglo XIX. Estos son mis recomendados, niña. Disculpa la tardanza. Espero que te ayuden a sobrevivir en la próxima condena que te depare el destino. O tus padres.

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