Aritmética sagrada

Diciembre 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

La cábala es un conjunto de técnicas de interpretación de las Sagradas Escrituras. Los cabalistas piensan que La Biblia es la cifra de un mensaje oculto, y dedican la vida a barajar sus letras para descubrirlo. El notaricón, la gematrya y la temurá son las técnicas más empleadas (la ausencia de vocales en el hebreo escrito estimuló estas suspicacias porque permite diversas lecturas, todas literales, de sus textos: TRP, digamos, puede leerse trepa, tripa, terapia, etc.)El notaricón es semejante a los acrósticos: consiste en formar palabras con las iniciales de otras. Así, Moisés de León toma las iniciales hebreas de los cuatro sentidos en que puede leerse La Biblia -peshat (literario), remets (alegórico), derash (hermenéutico) y sod (místico)- para formar la palabra PRDS, que puede leerse pardes, paraíso, y concluir que los cuatro sentidos son felices. O atendibles.La gematrya es una suerte de exégesis aritmética. Como en hebreo los números se representan con letras, cada palabra tiene un valor numérico, la suma de los valores de sus letras. Los gemátrycos dedican su vida a agrupar palabras de igual valor, y descubrir relaciones entre ellas con un método que combina la lógica, la especulación y el éxtasis. Así, como YHVH (que puede leerse Yahveh) vale 72, piensan que todas las cosas que se nombran con palabras de igual valor participan íntimamente de la substancia de la divinidad, y buscan con tesón los 72 nombres de Dios. La temurá opera, como los anagramas, mediante permutación de letras. Moisés Cordovero, el cabalista judío-español del Siglo XVI, calcula que la prohibición del Deuteronomio de llevar ropas que mezclen lana y lino, era una expresión cifrada para advertir a Adán contra las tentaciones del Demonio. Lo absurdo de esta prohibición fue lo que llevó a Cordovero a barajar las letras de lana y lino, y buscar en ellas la advertencia divina. Los cabalistas modernos han encontrado en el cálculo factorial y los computadores, dos valiosos auxiliares para el estudio de las variaciones de Las Escrituras que la aplicación de esta técnica genera. Si una palabra de 6 letras, como Jehová, admite 6! = 1x2x3x4x5x6 = 720 permutaciones, 720 maneras de cambiar el orden de sus letras para formar nuevas palabras, entonces el número total de permutaciones de todas las palabras de las Escrituras debe ser una cifra vertiginosa, y las maneras como estas permutaciones pueden combinarse forman un transfinito número de “biblias”. Y esto para hablar sólo de la temurá, de las biblias que esta técnica nos propone. Uno puede pensar que todo esto es una prolija necedad, que ya es bastante una Biblia con todos los milagros, parábolas y misterios que nos prodiga; con las sumas teológicas y los dogmas que nos impone; con las herejías y los cismas que de aquí se derivan; con los tabúes, los fantasmas y los pecados con que nos agobia; con las guerras y los fanatismos que incuba; con la diversidad de pueblos y lenguas que compromete; pero resulta que todas estas versiones son atendibles por una poderosa y suficiente razón: porque Dios debió considerarlas todas alguna vez. Una inteligencia infinita y eternamente aplicada no puede haber pasado por alto ninguna –como observó Borges, el ubicuo, en una conferencia sobre el tema. (Siete noches, México, 1980).

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