Antonio Morales en Comfandi

Antonio Morales en Comfandi

Octubre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

Hay dos clases de envidia: la mala y la pésima. El periodista Antonio Morales Riveira me despierta el segundo sentimiento. El sujeto tiene buen humor, es alto y vuela ídem. Cuando no está volando entre las ciudades que ama (Bogotá-Barranquilla-París-Nueva York), yace con reinas o presentadoras muy inteligentes, y cuando lo fatiga la práctica se repone teorizando sobre el sexo en un programa de televisión que se llama A calzón quitao, lee literatura, hace periodismo radial y escribe crónicas y columnas de opinión.Ha escrito y dirigido programas históricos y recibido todos los honores: Cuac, Noticiero AM/PM, Zoociedad, dos Simón Bolívar, una India Catalina, Noticiero 7 PM.Su cuenta en Twitter tiene decenas de miles de seguidores porque también domina, olvidaba decirlo, el arte del aforismo, ese haikú del ensayo, “o la capacidad de meter un dinosaurio en un dedal”, según la fórmula de Daniel Samper Pizano.Cuando está en tierra camina siempre muy rápido, como midiendo el planeta a largas zancadas. “Allá va Antonio huyéndose”, murmuran sus enemigos, que también son legión: el arte de la injuria es otra arista de su filoso temperamento. Yo lo conocí en Davos, donde ambos sudábamos la gota para entender las ponencias de los más agudos cerebros de la economía, esa ciencia que oscila entre el cálculo, la estadística, la geopolítica y el tin-marín-de-dos-pingüé. Recuerdo que le pregunté cómo era dormir con Katy Sáenz, y respondió en automático: “Es como vivir en una telenovela”. Luego corrigió la guachada, definió a la actriz con dos pinceladas preciosas y cerró con una cita fatal: “Enamorarse es construir una religión de dos… profesar un credo cuyo dios caerá”. Un año después me sorprendió con una crónica muy sensible sobre el reinado popular de Cartagena. Mientras todos sus colegas se volcaban a los grandes hoteles y al Centro de Convenciones para cubrir el Reinado Nacional de Belleza, Antonio se fue para Bazurto y descubrió la poesía y la miseria de la Cartagena que no sale en las postales. Cuando lo invité a visitar mi Taller de Escritura Comfandi, se negó en redondo. “¡Cómo se te ocurre –dijo-, en esa encerrona no caigo!”. Con una franqueza conmovedora, Antonio reconoció que le daba miedo enfrentarse a un auditorio compuesto por el dramaturgo Orlando Cajamarca, el erudito psiquiatra Carlos Miranda, la médica y teósofa Catalina de Brigard, “y una parvada de jóvenes temibles… ¡y María Mercedes Echeverry!” (María Mercedes escribió las letras de las canciones de un álbum que fue finalista este año, con Xuxa y Walt Disney Inc., entre otros, en la categoría de mejor álbum latino para niños de los Premios Grammy).Luego me confesó que habían sido William Ospina y José Zuleta los bocones que le habían soplado todo, pero al final logré convencerlo de que mis alumnos no comen periodista, que son simplemente un grupo de gente aplicada que pasa los días tratando de poner bien una palabra detrás de otra con la esperanza de que la botella llegue a alguna playa algún día.P.S.: A las 5:30 de mañana viernes Antonio dictará una conferencia pública en el Centro Cultural Comfandi (Calle 8 con Carrera 6 esquina). Hablará sobre la relación entre unos engendros que conoce bien, los medios, y un sueño que le duele muy hondo, la paz.

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