Algo va de Colombia a Venezuela

Junio 07, 2017 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

La fábula de que Santos es castrochavista y que el país va rumbo a la venezolanización no merecería consideración si no fuera por el hecho de que el 55% de los colombianos la cree cierta. Para agravar el cuadro, Petro está marcando bien en las encuestas. Y si la igualdad Santos = Maduro no la compra ni el más despistado, el cálculo “si Petro llega la presidencia Colombia se venezolaniza” no es del todo descabellada.
Pero es imposible que Petro triunfe. En cada una de las tres últimas elecciones presidenciales la derecha sacó más de trece millones de votos. En su mejor momento (Carlos Gaviria) la izquierda sacó 2,3 millones.

Para ganar las elecciones, Petro debería aglutinar en torno suyo todas las fuerzas políticas diferentes al CD, es decir, a Vargas, Robledo, Fajardo, Claudia López, De la Calle, etc., una hazaña imposible para un señor que no logra mantener unido ni siquiera a su propio equipo de trabajo.

Además es difícil encontrar dos naciones más diferentes que Colombia y Venezuela. Allá vota el 80% de la población, acá el 30%. Allá la discriminación social es mínima (ellos se aterran de que acá las empleadas del servicio coman aparte de los ‘señores’). Sus coberturas en salud, vivienda y educación eran, hasta hace tres años, mucho más altas que en Colombia (hay cien mil hogares colombianos que tienen casa propia en Venezuela donada por el Estado). El colombiano es conservador en sus ideas en un porcentaje que cercano al 60%, el venezolano es mucho más liberal.

La prensa colombiana es sólida e independiente del gobierno. Los industriales y los cacaos son oficialistas siempre. La opinión pública es laxa con las violaciones del derecho humanitario por parte de las Fuerzas Armadas, especialmente en los operativos contra la población rural, pero es quisquillosa si las víctimas son los citadinos (los atropellos masivos de la Guardia Nacional Bolivariana a los manifestantes, son impensables en Colombia).

Los militares colombianos son gobiernistas, nunca golpistas.
Venezuela llegó a la situación actual por los delirios de un caudillo más parecido a Uribe que a Santos. Uribe y Chávez eran idénticos: ambos eran animales mediáticos, carismáticos, tenían pésimas relaciones con los medios, soñaban con reelegirse de manera indefinida, eran muy populares, excelentes comunicadores, le jalaban al neopopulismo, Uribe en sus discursos y Chávez de palabra y obra, ambos adoraban las armas, eran profundamente religiosos y detestaban la separación de poderes.
El caudillo copa la escena y acapara el poder. Cierra los medios, captura las Cortes y el Congreso (o lo cierra) y se limpia el fundamento con la Constitución. A su sombra ningún líder pelecha. Cuando tiene que ceder el puesto, pone en su lugar a un pelele (a su mujer como Perón, a su hermano como Fidel, o a Nicolás como Chávez) porque recela de los copartidarios brillantes y de carácter, utiliza la religión como sombrilla ideológica porque sabe que es un sentimiento que mueve pasiones y atiza los fanatismos. Declara guerras, inventa fantasmas, se nutre de temores reales o inventados, atiza los odios, desinforma, miente sin rubor porque sabe que para el rebaño su palabra es la verdad y la vida, persigue a todo el mundo pero se declara perseguido. Es victimario pero plañe como víctima.

Por todo esto, resulta claro que es Uribe, no Santos, el que puede venezolanizar a Colombia. En buena medida, ya lo ha logrado.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad