Valle del Pacífico

Mayo 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Empresarios mexicanos, peruanos, chilenos y colombianos trabajan febrilmente por ampliar mercados para sus productos, el Ministro de Comercio, Industria y Turismo buscanafanosamente en el Congreso la aprobación del tratado, Cali ataviándose como sabe hacerlo para ser anfitriona de un gran evento, presencia de Europa con el presidente Mariano Rajoy, todos estos fragmentos del rompecabezas que se ha denominado Alianza por el Pacífico y que tendrá su cumbre el 23 de mayo en la capital del Valle.Un anhelo de una región que hemos denominado Valle del Pacífico, para mostrar su mayor fortaleza que es la conexión con el comercio y compradores en el mundo a través de la Cuenca del Siglo XXI. Cali erigiéndose como la capital del Pacífico Colombiano.No ha sido gratuito, es fruto de una estrategia que fue encontrando su sitio a través de crear instrumentos como el Centro de Eventos Valle del Pacífico, la Agencia de Atracción de Inversión Invest Pacific, el Buró de Convenciones y ahora la Agencia de Estructuración de Proyectos Regionales. La ‘caja de herramientas’ que consolida su ventaja geoestratégica.Todo esto hecho a pulso y desde una precaria institucionalidad. La historia de la región registra dificultades para hacer consensos respecto del trazado de las vías y hasta un debate entre la definición de fortalezas entre el Valle geográfico y el Valle Pacífico. Demoras en lograr la infraestructura adecuada por cuenta de esos bajos consensos y, más reciente, la inmensa dificultad para superar los problemas de la devastación de la cuenca del río Dagua, la concertación con las comunidades y la adquisición de predios, factores indispensables para lograr la conectividad eficiente con el Pacífico.Pero aún hay mucho trecho para profundizar esta vocación Pacífica para Colombia. Se imponen planes de choque para superar las dificultades que impiden acompasar la infraestructura con las necesidades de nuestra globalización, para lograr la utilización sostenible de los recursos naturales de la Bahía de Buenaventura, consolidar el nodo de conectividad portuaria con el Asia Pacífico y para darle presteza a las obras de la vía Bogotá – Buenaventura. Ya los países de América Latina costaneros con el Pacífico nos llevan ventaja, para no ir muy lejos Panamá con la ampliación del Canal y Ecuador con el milagro de la transformación de Guayaquil.De otro lado, es necesaria una inmensa transformación de la biodiversidad. Manglares, mar, condición de luminosidad y una profusa vegetación que alberga especies espectaculares, deben permitir que de la mano, por ejemplo, del profesor Raúl Cuero, bonaverense ilustre, se produzca una revolución de investigación aplicada a la producción y al bienestar. Y finalmente la pesca, presente en Chile, Perú y en Ecuador y escasa en los 900 kilómetros del Litoral Pacífico colombiano, debe tener un plan estructurado.En todo caso, lo anterior no es suficiente si el país no avanza en las políticas de apertura que contribuyan a propiciar la transformación productiva si quiere tener con el Pacífico y otras latitudes un comercio eficiente y con productos competitivos.El reto es lograr que la Alianza por el Pacífico sea realmente la gran oportunidad para que el Valle del Pacífico y Cali, la capital del Pacífico colombiano con Buenaventura, hagan grande al país, que ha estado de espaldas al Mar de Balboa.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad