Valeria

Enero 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Valeria llegó a este mundo en un noviembre lluvioso para iluminar con su presencia la vida de quienes la amamos desde antes de nacer.Valeria no llegó sola, lo hizo en el mismo minuto que 265 bebes más nacían en el mundo. Aterrizó en su país que ya tiene 47 millones de colombianos y va a vivir en una ciudad entre muchas, en las cuales habitan el 75% de sus coterráneos.Llegó al planeta en el momento de crecimiento más rápido: mil millones nacieron en los últimos doce años, mientras que los primeros mil millones tardaron desde el origen del hombre hasta 1800, y los segundos, mil millones 130 años. Valeria hoy hace parte de los 7 mil millones que habitamos la tierra.Valeria ha llegado para ratificarnos que vale la pena prolongar la estancia en esta tierra que nos bendice con esos pequeños, en los que encontramos que aún hay algo puro en el corazón de la humanidad. Es un angelito que trae las buenas nuevas de Dios para llenarnos de esperanza e ilusión por la vida, en ese milagro cotidiano de nacer que se convierte en propio y único con ese pequeño ser irrepetible.Valeria tiene en problemas lumbares a los abuelos, a los tíos y a sus papás que en largas jornadas se inclinan alrededor de su cuna para celebrar cada gesto, sonrisa, mirada y gorjeo y la bella nietecita de piel rosada y ojos azules muy abiertos, mira y mira con sorpresa como queriendo meter rápido en su cabecita todas las cosas de su nuevo mundo.Ella ha permitido que adultos serios y circunspectos ahora rían más abiertamente, hablen a media lengua, muestren su foto a diestra y siniestra, aún a extraños sorprendidos que murmuran algunas palabras por cortesía y piensan para sus adentros de dónde habrá salido ese orate. Adultos que sin rubor comparten sus gracias, consultan tamaños, peso y aún llantos para establecer cuan distinta es. Valeria nos ha hecho más indulgentes con conductas que nos regresan a la infancia. Actividades elementales como pasear, cargar, mecer, mirar por encima del hombro de otros alelados para establecer parecidos, constituyen el mejor programa.Un descubrimiento maravilloso es que en esta experiencia única no estamos solos, el mejor programa para una tarde de sábado está en el arenero de los juegos infantiles donde se reúne la cofradía de los abuelos cuidanderos de los más pequeños en sus cochecitos, mientras los más grandes juegan, ríen, corren, se embadurnan de helado, lloran porque no quieren irse y se resisten a marcharse, cuando ya ni siquiera hay luz porque el sonriente sol se oculta.Valeria será valiente, sensible, amorosa y soñadora como su madre y buena como su padre. Con este bagaje tendrá que aprender, que en esta sociedad su bienestar estará en hacer de su mundo algo mejor del que le estamos legando, donde desaparece cada día una fuente de agua y el 48% de la población vive con menos de 2 dólares al día.Por eso repito con el prosista mexicano Armando Fuentes, a raíz de su abuelazgo:“Esta niñita está inaugurando el mundo. Porque el mundo nació otra vez con ella y para ella. Los dos están recién nacidos: cada vez que nace una criatura, el mundo vuelve a comenzar, y vuelve a comenzar la vida. Bienvenida seas a nuestra casa nieta mía recién llegada a nuestro corazón. Toqué con reverencia tu manita –así deben tocarse los prodigios– y sentí en ella todavía el calor de las manos de Dios”.

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