Una líder y un legado

Una líder y un legado

Noviembre 03, 2017 - 11:35 p.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Quise testimoniar en estas cortas líneas y a manera de homenaje lo que significó Rosita Jaluf de Castro para nuestra región, buscando en los rasgos de su personalidad y en sus logros algunos elementos que bien deben perdurar de su legado como líder y gran empresaria.

Y al tratar de identificar el núcleo de su gran condición la palabra que vino a mi mente fue resiliencia, cualidad que habla de la capacidad que tienen los seres humanos de adaptarse positivamente a las circunstancias adversas. Rosita demostró cómo con grandeza, convicción y un espíritu fuerte se puede hacer frente a cualquier reto.

Dueña de una gran entereza, no se dejaba vencer por las adversidades ni cejaba en sus propósitos. Siempre admiré cómo tuvo la capacidad de reinventarse y salir más fortalecida cuando, después de tener un gran éxito económico, sufrió un traspiés que la llevó incluso a cambiar la modalidad de su negocio.

Todo gracias a su inmensa capacidad de trabajo, su visión y a que nunca dejaba de persistir en sus propósitos. Pero también, a una personalidad a toda prueba que la llevaba a defender sus convicciones ante Presidentes de la República o líderes comarcales, así no comulgasen con su estilo o con sus ideas.

Conjugaba muy bien las grandes gestas con una profunda solidaridad con sus cercanos, que la llevaba a defenderlos frente a terceros, ante lo que considerase injusto o incorrecto, sin titubeos, lo que hablaba muy bien también de su espíritu independiente y valiente. Y es que Rosita no contemporizaba.

Vivió el esplendor de su Líbano natal, a través de la sofisticación de un país afrancesado y exquisito en el Oriente. Bien decía que Beirut era una París en el Mediterráneo. Su dominio del árabe y del francés que tuve ocasión de escucharle en conversaciones donde le reconocían su exquisito manejo de estos idiomas, bien reflejaba su condición de una mujer sensible y culta.

Esto le permitió tener el magnífico gusto que siempre la caracterizó y hacer un mundo desde su negocio, ubicado en el centro de la ciudad, y desde su dirigencia gremial, a través del cual tuvo la visión de hacer de Cali epicentro del buen gusto, no por un tema suntuoso, sino por la oportunidad de impulsar los negocios de toda una cadena productiva ligada al diseño, la confección, la salud y la belleza, universo que cada año se activa alrededor del Exposhow.

Y como los escenarios de la ciudad se quedaron pequeños para este exitoso evento, planteó en la Junta Directiva de la Cámara de Comercio la necesidad de construir un gran centro que posicionara a Cali en el mundo de los grandes eventos y convenciones empresariales, propuesta que fue acogida por la Junta Directiva de la Cámara y que me correspondió liderar.

Se logró construir el Centro de Eventos Valle del Pacífico en un año y movilizar de 550 donantes de los que se lograron recaudar alrededor de US$ 70 millones para su construcción.

Destaco también su espíritu cívico. Fue, por ejemplo, gran soporte para las Fuerzas Militares y de Policía, así como para los uniformados heridos en combate a quienes ayudaba en sus procesos de rehabilitación.

Resiliencia, voluntad de trabajo, capacidad, visión, emprendimiento, diversificación, agregación de valor fueron sus características, factores que hoy día son fundamentales cuando analizamos el emprendimiento.

Una líder como pocas que, sin duda, nos hará mucha falta, en una región que se ha caracterizado por el espíritu valiente y el liderazgo de sus mujeres, en todos los ámbitos. Pero a la que, infortunadamente, le falta más reconocer y homenajear a quienes han dedicado su vida a hacerla grande y al bienestar de su gente. Tuve la oportunidad de decírselo en vida, pero desde aquí lo repito: Gracias Rosita, por tanto.

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