¿Un espejo para mirarse?

Mayo 05, 2017 - 11:36 p.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Las imágenes de la protesta social que desde hace más de un mes vive Venezuela sobrecogen. Ante el declive progresivo en su calidad de vida, la herida de muerte que se ha infligido a su democracia y el excesivo uso de la fuerza de las autoridades, genera una profunda solidaridad la valentía de ese pueblo que se resiste a un destino dramático, construido sobre los errores y acciones deliberadas del partido de gobierno, y hace pensar si esta digna resistencia civil sí va a lograr en esta ocasión generar el cambio que reclama, o llevará al país a un conflicto social y humanitario de consecuencias terribles.

Para Colombia, el caso de Venezuela se ha convertido en un asunto crítico, no sólo porque como país hermano, y como ellos lo hicieron en el pasado, es un deber acoger por razones humanitarias a sus inmigrantes, sin perjuicio de respetar las normas que para este fin ha definido el gobierno. Sino porque los males enquistados en la nación vecina están teniendo metástasis en Colombia, o se retroalimentan, como la inseguridad, el narcotráfico y el comercio ilegal que genera competencia desleal a productores nacionales.

Y es que no es sino imaginarse cómo será vivir en un país donde en un año el 69,5% pasa de reportar que come tres veces al día, como se sondeó en febrero de 2016, a reportar lo mismo sólo el 34,3%, en diciembre del mismo año. Peor aún, cuando el 19,8% afirma que come sólo una vez al día. Donde el deterioro en la atención médica y la escasez de fármacos es un dolor de cabeza diario. Donde la delincuencia lo ha convertido en el segundo país más violento del mundo, después de El Salvador, medido por número de muertes violentas. Donde la inflación es de más del 700%.

Donde se pone en riesgo la supervivencia de su principal empresa estatal, la petrolera Pdvsa, al sacar a sus principales técnicos y ubicar a personas poco idóneas al mando, hinchar su planta de personal de 30.000 a 150.000 empleados y no proteger recursos ‘sagrados’ para reinvertir en exploración, sino destinarlos como caja menor de un aparato de poder que la está llevando a la ruina. Las consecuencias se evidencian en los números: pasó a producir 3.3 millones de barriles diarios a 2.1 millones, lo que ha generado graves consecuencias en su flujo de caja.

Los colombianos nos preguntamos cuál podrá ser la salida frente a la crisis de Venezuela, con un ‘chavismo’ aferrado al poder para no perder sus privilegios ‘legales e ilegales’, y quizá consciente de que sin éste no tendrán mundo para esconderse y así evitar pagar las consecuencias de sus acciones. Pero con un pueblo cansado de tanto atropello y pauperización, que no ve futuro posible con Maduro al mando, y que es obligado a desangrarse a manos de los desmanes de la fuerza pública, los ‘colectivos’ que han sido armados por el gobierno y las bandas delincuenciales que matan, extorsionan y atracan a diario a la población inerme.

Ojalá el futuro para Venezuela no sea una mayor radicalización que lleve a un conflicto civil pavoroso, pero la salida democrática, que sigue siendo burlada con la Asamblea Constituyente inventada por Maduro, se ve esquiva.

Entre tanto, bien vale la pena que reflexionemos sobre las causas que llevaron a ese estado de cosas al vecino país, para rechazar con responsabilidad y compromiso con nuestras futuras generaciones a quienes le apuestan a la desinstitucionalización y la mentira sistemática como medio para acceder al poder. El único antídoto ante los cantos de sirena de quienes con discursos engañosos quieren seducir el voto para las próximas elecciones, cualquiera que sea su corriente política, es mirarse en el espejo de Venezuela, así duela.

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