Prioridades

Prioridades

Agosto 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Ocurre con la competitividad que su permanente mención convierte este trascendental asunto en parte del paisaje. Todo el mundo habla de competitividad para aplicarla a temas muy diversos, de suerte que parece como un comodín de la baraja que se adapta en múltiples esferas y circunstancias.No obstante, la realidad es que Colombia, pese a la cantidad de tareas pendientes por concluir y otras por acometer, tiene un modelo para trabajar en competitividad que es admirado en otras latitudes y puesto como caso de estudio en Harvard por el profesor Michael Porter, gran gurú en la materia, quien viene observando el proceso desde su inicio.Quizá un ejemplo que se ha vuelto clásico permita entender el concepto de competitividad en la vida diaria. Consiste en que para hacer la misma tarea laboral en Colombia se requieren 4,5 trabajadores mientras que en un país desarrollado, como Estados Unidos, se requiere solo uno.De otro lado, este es un asunto que nunca termina ya que siempre es relativo, por cuanto la eficiencia competitiva implica moverse más rápidamente que el resto del mundo, que también está haciendo tareas permanentes en este sentido.Por ello, es realmente trascendente lo que ocurrió como uno de los primeros actos del Gobierno Santos 2014 – 2018, que fue fijar prioridades para estos cuatro años en asuntos de competitividad, fruto de un esfuerzo que se ha venido haciendo en el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación, donde las Cámaras de Comercio, las Comisiones Regionales de Competitividad, las Comisiones Departamentales de Ciencia y Tecnología, el Consejo Privado de Competitividad y actores públicos tan importantes como Planeación Nacional, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, y Colciencias, vienen trabajando hombro a hombro para identificar esos grandes temas que serán claves para todas las dependencias públicas y también para la actividad privada, si queremos que la eficiencia productiva de Colombia sea igual a la de un país desarrollado, con los cuales es ineludible competir.No cabe duda de que la agenda contiene algunas materias en las cuales se ha venido trabajando, como innovación, infraestructura, educación y estabilidad macroeconómica, en las que hay que persistir, pero no por ello se trata de lugares comunes, como dicen algunos. La bondad de la agenda es que aterriza en planes y programas específicos por ejecutar en cada uno de los factores. Por ejemplo, la innovación como palanca para impulsar el crecimiento empresarial y la educación convertida en uno de los tres pilares del Gobierno, con mayor presupuesto aún que la seguridad, para educar de acuerdo con las vocaciones regionales y empresariales.Trae, además, importantes elementos nuevos, como el regional donde se busca apoyar sectores productivos específicos de cada localidad; el buen funcionamiento de las instituciones públicas; asuntos de libre competencia, aun incipientes, que darán lugar a debates y precisiones de política pública; cuestiones que tocan con la justicia específicamente sobre las reglas de juego y la eficiencia para hacerlas cumplir; la lucha contra la corrupción, y la necesidad de empoderar dentro del Sistema Nacional a actores como las Comisiones Regionales de Competitividad.Se trata de apropiarse de la competitividad, que ha venido siendo una tarea del Sistema de Competitividad e Innovación, pero que es preciso convertir en una actividad de todo el país: empresarios, trabajadores, docentes, gobierno y gremios, entre otros. Y de esta manera cumplir como sociedad el anhelo de disminuir la pobreza y la inequidad.

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