No perder el norte

No perder el norte

Febrero 23, 2018 - 11:35 p.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Dice Shlomo Ben Ami, político, diplomático e historiador israelí, que la sociedad perfecta no existe y que no hay que pensar los cambios que se gestan en ella como sinónimo de sinergia total entre desarrollo, equidad social y una democracia perfecta.

No es posible porque existirán siempre problemas estructurales en los que hay que trabajar a fondo para mejorar situaciones de inequidad, atraso o ineficiencia. Son los retos a los que nos enfrentamos todos los días, cuya superación puede tardar años o décadas y que para hacerlo es necesario apelar al trabajo duro y al liderazgo colectivo.

Y un poco a la paciencia, porque, aunque así lo quisiéramos, los cambios no se dan de un día para otro. Así se han alcanzado, no exentos de tropiezos, logros que han significado avances, grandes o pequeños, para el mundo.

Preocupa que perdamos el norte frente a las metas que debemos alcanzar para contar con un mayor crecimiento y bienestar, por culpa de cierto sentimiento de histeria colectiva que se respira, incrementado por la época electoral. Histeria que en algunos casos van más allá de declaraciones altisonantes y en algunos casos dañinas de quienes buscan el favor popular y sus seguidores.

Estamos también padeciendo, por ejemplo, condenables vías de hecho contra establecimientos de comercio formal, aledaños a los supermercados objeto de extinción de dominio, señalados de pertenecer a las Farc, lo que no tiene ninguna justificación por más indignación que este hecho genere.

Poner las discusiones al nivel de extremos excluyentes, en donde no se valora la diferencia, sino que se condena más que con vehemencia, con discursos y acciones violentas nos llevará, sin duda, a un estado de cosas indeseable, a un retroceso en nuestra evolución como sociedad, pese a estar cada vez más conformada por individuos con un mayor acceso a la educación.

Se ha vuelto un anatema la pluralidad de candidatos de todas las tendencias que aspiran a la presidencia, cuando es una fortuna que los colombianos tengamos la posibilidad de elegir entre un abanico de propuestas. Lo importante es dejar los apasionamientos a un lado y elegir la propuesta más estructurada, alejada de populismos dañinos que sí nos generarían lamentables retrocesos.

Otro falso dilema es el tema de la explotación de hidrocarburos. El país tiene que entender que el petróleo no es el enemigo, ya que ha permitido generar recursos para el bienestar económico y social, realidad que es desconocida de manera oportunista.

En una reciente conversación de avión me preguntaban por qué no somos más competitivos y contesté que una de las causas es que aún somos un país muy cerrado. Se requiere promover una mayor diversidad productiva con valor agregado, a la par que incentivar en los empresarios el salir de sus mercados locales para vender en otras regiones del país y al mundo, con el fin no sólo de depender menos de las fluctuaciones en los precios de las materias primas, sino de fortalecer la dinámica empresarial y generar mayor empleo.

También es necesario pensar con mayor tranquilidad el tema de la seguridad, evitando propuestas efectistas que nos pueden llevar a un terrible estado de cosas como viene ocurriendo en Estados Unidos.

No hay que perder de vista que el conjunto de miembros de nuestra sociedad es más importante que cada uno considerado individualmente. Ya sabemos qué ha pasado en aquellos países donde la democracia se reduce a los caprichos de un líder carismático, que abusa del poder y somete a los ciudadanos a sus arbitrariedades.

No es de poca monta el momento que vive el país, por eso el llamado es a no perder el norte, rechazar las falsas noticias y la violencia, y enfrentar con altura y conocimiento los comicios que se avecinan.

VER COMENTARIOS
Columnistas