Museo Caliwood

Abril 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Cuando la consigna es diversificar la producción ante la desaceleración del sector petrolero, que impacta regiones donde la desigualdad y la pobreza campean, surgen como alternativas de ingreso aquellas actividades asociadas con los servicios, que se basan en el desempeño de las personas y requieren menor capital.Los servicios en el mundo vienen creciendo por encima de otros sectores de la economía, son intensos en la generación de empleo y tienen la fortaleza de brindar bienestar y calidad de vida a las personas. Hace tiempo, por ejemplo, se ha venido acentuando el concepto de la ‘Economía Naranja o Economía Creativa’, definido por John Howkins como los sectores en los que el valor de sus bienes y servicios se fundamentan en la propiedad intelectual: arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, música, entre otros. Según un estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la economía naranja en Colombia se ha convertido en un gran elemento que aporta al desarrollo económico del país. En los últimos años su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) ha sido de 3,3%. Mejor aún, la economía creativa ha impactado de manera positiva la generación de empleo, especialmente para los más jóvenes con 5,8%, cifra que está por encima de países como Holanda, Reino Unido y Finlandia, indicador de potencial generador de crecimiento económico. Un buen exponente de la economía naranja es la industria del cine. De acuerdo con Proimágenes, la industria cinematográfica colombiana, produjo 28 estrenos nacionales en el 2014, logrando un record de asistencia de 2,2 millones de personas. Solo la cinta vallecaucana ‘Ciudad Delirio’, una de las más taquilleras, generó 120 empleos directos, 300 empleos indirectos y más de 3.000 extras. Desde el punto de vista financiero, el resultado de la película fue bastante satisfactorio, ya que solo a 4 meses de haberla estrenado, ya había recuperado el 108% de su inversión.Medellín, Bogotá y Cartagena le están apostando a la atracción de inversión en esta industria, complementando el apoyo del Gobierno que se concreta en la ley 814 del 2003, que busca aumentar la oferta de películas colombianas y al mismo tiempo, establecer una industria económicamente viable, sostenible y productiva, otorgando beneficios tributarios a quienes inviertan en la industria cinematográfica local. Gracias a ello, para el 2015 se aprobaron recursos por más de 19 mil millones de pesos.Sirven de pretexto estas reflexiones para resaltar a quienes simbolizan dichas actividades. En Cali, Hugo Suárez Fiat, exitoso abogado que un día se dedicó a la filantropía, ha creado el museo Caliwood, primero de la Cinematografía en la historia de Colombia, ubicado en la ciudad donde se filmó la primera película en blanco y negro y muchos años después la primera cinta a color del país. Este impresionante centro cultural, cuenta con una muestra tanto antigua como contemporánea, donde los visitantes nacionales y extranjeros admiran los principales artefactos, juegos ópticos, maquinaria, accesorios, equipos de filmación y proyección de películas. La exhibición es cálida, amena y cuenta por ejemplo, con cámaras de la época de los hermanos Lumiere, pioneros de éste arte, además de una sala de proyección, donde se pueden disfrutar verdaderas joyas clásicas del cine.Así las cosas, está demostrado que la cultura tiene buenos retornos económicos, por eso debemos superar el falso dilema entre el desarrollo empresarial y el cultural, identificar oportunidades, definir una estrategia, retener, atraer, capturar y reproducir el talento de un segmento de la población que vive y respira arte y cultura.

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