La caja atrapada

La caja atrapada

Septiembre 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

La Agencia Nacional de Infraestructura anunció los seis primeros proyectos viales, dentro de un plan de 30 que demandarán una inversión de $40 billones, y que permitirán la participación de fondos privados de pensiones y de infraestructura, dentro del marco de la nueva ley de Alianzas Público Privadas.Más allá de la buena noticia que este anuncio representa, genera gran expectativa la forma cómo se ejecutarán estos 30 proyectos con el fin de garantizar su eficiente cumplimiento. Infortunadamente, Colombia ha retrocedido en el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial, donde pasamos del puesto 68 al 69, entre otros factores, por el rezago en infraestructura.Con todo, la apuesta no está perdida y el Gobierno Nacional está ejecutando 100 acciones que estoy convencido mejorarán la competitividad. Asimismo, gracias a la eficiente gestión fiscal el país viene acumulando abundantes recursos para atender necesidades inaplazables en innovación, infraestructura, educación y funcionamiento de sus instituciones, factores que más inciden en el desempeño de nuestra competitividad.La expectativa está centrada en el ‘plan de choque’ que se requiere poner en marcha para la ejecución de los proyectos de inversión y superar lo que he denominado ‘el síndrome de la caja atrapada’, que por cuenta de un sistema complejo, impide que se invierta lo suficiente y de manera eficiente. Tenemos dificultades no sólo en infraestructura, sino también en salud e innovación, por poner sólo tres ejemplos, en donde existen suficientes recursos que son un amortiguador importante frente a la desaceleración de la economía. La Constitución de 91 representó importantes avances para el país, entre ellos la protección de las minorías. El país ha profundizado una cultura de respeto de los derechos humanos, pero no ha profundizado en la reglamentación de la forma como las minorías deben ser consultadas, por ejemplo, en materia de licencias ambientales, y a la vez evitar que ‘avivatos’ reivindiquen derechos sobre territorios en donde su presencia sólo surge al anunciarse los proyectos viales. La dilación de las obras por este aspecto perjudica no sólo a esas mismas minorías, sino a los 46 millones de colombianos que ven con frustración el rezago en sus vías. De allí que un plan de choque en el sector de infraestructura no deba contemplar sólo la definición de los proyectos y de los recursos, sino todos los aspectos en donde surgen trabas. Paradójicamente a veces ocasionadas por la falta de coordinación entre las mismas entidades públicas.De otro lado, está el tema de la corrupción que también es ocasionada por una minoría, por unos sectores que han medrado y aún lo hacen de los recursos públicos, frente a los cuales se debe seguir actuando con todo el peso de la ley. Pero esta lucha necesaria y que debe llegar hasta sus últimas consecuencias se ha extrapolado al punto de generar un manto de duda sobre toda la ejecución y sus responsables, llevando a la parálisis por un nuevo síndrome: El miedo a ejecutar. Sin duda, hay que vigilar milimétricamente la ejecución de los recursos públicos, pero también definir un modelo basado en la construcción de confianza que permita conjurar las trabas que nos impiden el desarrollo. Es el momento de una reflexión profunda, pero también de actuar de manera rápida en un plan de choque que promueva una mayor ejecución de la inversión pública, para superar el ‘Síndrome de la Caja Atrapada’ que obstaculiza la gestión fiscal por cuenta de procesos y controles que paralizan e inhiben a funcionarios y empresarios.

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