Imaginarse el futuro

Imaginarse el futuro

Diciembre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Entre los problemas que ha tenido el proceso de paz para contar con el favor de algunos sectores de la sociedad está una de las características del ser humano que es su miedo a lo desconocido. Así lo ha señalado Shlomo Ben Ami, exdiplomático israelí experto en procesos de reconciliación, quien afirma que la paz se hace es con los enemigos y como estos han cometido crímenes repudiables, para los colombianos no es tan fácil pensar en lo que puede ser el país del mañana contando como nuevos actores de la democracia a los insurgentes. Incluso, en algunos genera profunda indignación y la imposibilidad de conjugar la posibilidad del perdón. Más allá de estas entendibles reacciones, vale la pena pensar en el futuro de un país que ya no sea rehén de un conflicto altamente destructor de vidas, de recursos y de valor social. Y los planteamientos de Ben Ami permiten hacerlo gracias a su amplio conocimiento de los procesos de paz en el mundo y a su admirable sensatez.Propone que pensemos cuánto estamos dispuestos a sacrificar para alcanzar un modelo de desarrollo integral del país, el cual nos ha sido tan esquivo por las profundas desigualdades regionales ocasionadas por el actual modelo que ha estado de espaldas a las costas y que no ha podido consolidar la presencia estatal en vastas zonas ocupadas por la guerrilla, regiones con altas potencialidades agrícolas, minero-energéticas y de biodiversidad.Pero también creo que es fundamental pensar en la responsabilidad que tenemos de ofrecer un mejor país a las generaciones venideras, sin lo cual nuestro paso por este momento histórico será sin duda un fracaso.Con las cautelas e inamovibles que debe preservar la negociación, bien planteadas por el Consejo Gremial Nacional, además de tener claro que no se está negociando un nuevo orden político o social o cualquier cosa que esté en contra de la Constitución, es bueno reflexionar sobre la imposibilidad de cambiar un pasado con muchos horrores y de la oportunidad que sí tenemos de cambiar el futuro.Por eso Ben Ami nos reta cuando afirma que el postconflicto es de la sociedad. Y dice que Colombia sería una superpotencia con el doble de la población, pero no para que ocupe los mismos lugares donde actualmente está concentrada sino para que genere valor en aquellas zonas donde la insurgencia se ha entronizado para medrar de los recursos naturales o de la economía ilegal.La oportunidad que tenemos frente a nosotros más allá de la firma del acuerdo es la de modernizar la agenda de Colombia. No cabe duda que es responsabilidad colectiva imaginar horizontes mejores que hasta ahora nos parecían imposibles, enfrentando ese miedo a lo desconocido tan natural porque infortunadamente no sabemos lo que es vivir en un país en paz.Y de esta manera, trabajar en construir una ‘caja de herramientas’ para el desarrollo sostenible del país, que apunte a las causas más profundas de las desigualdades y a eliminar frenos de mano que atenazan el crecimiento, como la informalidad y el bajo respeto a las normas.Porque no podemos darnos el lujo de vivir con la sentencia perpetúa según la cual Colombia jamás será un país contemporáneo donde pueda campear la civilización, como dijo alguien…

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