Formalización

Febrero 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Colombia se ha propuesto en el 2032 ser uno de los tres países más competitivos de América Latina. Esta visión implica pasar de un producto por habitante de unos US$3.000 a uno de US$18.000. Para ello se ha convocado una gran coalición público-privada para desarrollar sectores productivos de clase mundial, dar un salto en la eficiencia productiva y formalizar el país en materia empresarial y laboral. Cada uno de estos tres ejes tiene proyectos y programas para alcanzar su cometido. Hoy me referiré a la informalidad. Se estima que en Colombia la informalidad empresarial es del 40% de las unidades productivas y la informalidad laboral del 60%. La informalidad genera graves males: empleo de baja calidad y explotación del trabajador; distorsión en el mercado por ser motor de la economía subterránea, crecimiento limitado de las empresas informales y un nivel de supervivencia bajo; bajo acceso al crédito y a los servicios gubernamentales; nula contribución a los ingresos de la Nación, generando más impuestos al sector formal, entre otros. Pero hay un mal mayor que es la propensión de empresarios informales y consumidores a medrar de las condiciones turbias que en ocasiones sirven incluso como instrumento de la delincuencia, por ejemplo el contrabando. Así se ha venido construyendo una verdadera subcultura que se soporta en el argumento fácil de que utilizar los circuitos legales para hacer negocios no es rentable ni costeable, subcultura que trasciende incluso a las familias en las decisiones de compra de productos para el hogar. De ahí la importancia de la Ley de Formalización y Primer Empleo impulsada por el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, la cual genera incentivos a las empresas para que aumenten sus beneficios y disminuyan los costos de formalización. Tiene como metas contribuir a la formalización de 500 mil empleos y de 120 mil pequeñas empresas. La ley brinda descuentos en impuestos y contribuciones parafiscales por seis años y de matrícula mercantil por cuatro años. También estimula con los mismos descuentos a empresas que vinculen jóvenes menores de 28 años, personas en situación de desplazamiento o discapacitados, así como a mujeres mayores de 40 años. De acuerdo con los estudios que se han realizado sobre la informalidad, una de las barreras para ser formal son los costos. Sin embargo, aliviarlos es un factor necesario mas no suficiente. Por tanto debe atacarse la subcultura de la informalidad con una gran campaña que permita divulgar los beneficios que trae la nueva Ley y al mismo tiempo brindar un amplio programa público-privado que integre los elementos de un enfoque persuasivo y sancionatorio, como último recurso. Sin un mensaje claro de no tolerancia a la informalidad enviado desde la institucionalidad, es difícil crear un clima de confianza y observancia de las normas. Un aspecto sustancial será que en ese conjunto de servicios que se brinde se logre una segmentación clara que debe dar un trato diferencial de los programas de fortalecimiento empresarial convencionales dado que los emprendedores o informales recién llegados al escenario de la formalidad, requieren servicios específicos para su naturaleza, tamaño y momento de la empresa. Finalmente debe establecerse un buen registro de las empresas que pasan de la informalidad a la formalidad, al igual que su comportamiento para determinar sostenibilidad en el tiempo, empleo generado, estados financieros. En esta forma podrá demostrarse que efectivamente ser legal paga.

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