Desarrollo e ideologías

Desarrollo e ideologías

Mayo 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

El movimiento del péndulo político en los países de la región, con el fin del gobierno de izquierda en Argentina, la crisis en Brasil y el triunfo de la oposición en las elecciones legislativas en Venezuela, país que vive una crisis tan dramática que ya raya en lo humanitario, en una coyuntura de menor crecimiento económico de la región por cuenta de la baja demanda mundial de las materias primas, hace que de nuevo sea la palabra ‘crisis’ la que caracterice a nuestro territorio. El caso de Brasil es el más llamativo porque de país modelo, que hacía parte del ‘boom’ de los ‘Brics’ (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) por los logros sociales alcanzados y el crecimiento sostenido de su PIB, que hizo pensar que había sobrepasado la línea del grupo de las naciones subdesarrolladas para ser calificado como un país emergente que estaba cercano, si continuaba con ese rumbo, a ubicarse en el grupo de los más afortunados, pasa a sufrir un freno brusco en ese camino no solo por cuenta de un modelo no sostenible, sino por el eterno problema de nuestras naciones: la corrupción rampante y descarada.Esto hace pensar si estaremos condenados en América Latina a que su desarrollo esté atrapado a perpetuidad por las ideologías, con las consecuencias que esto genera. Pareciera que nuestros países nunca llegarán a una mayoría de edad, que implica tener unos acuerdos mínimos para, no importa la tendencia política de quien gobierne, no afectar el desarrollo económico y humano, y así velar porque de manera seria y ordenada se continúe haciendo la tarea porque, ya hemos visto, no hay fórmulas mágicas ni riquezas petroleras que ‘salven’ del hecho de que para gobernar a un país se requiere mucha inteligencia, sensatez, tomar las decisiones necesarias así no gusten a todos, generar confianza, huirle al populismo y cumplir con una milimétrica gestión gerencial los planes de desarrollo. Que entre otras cosas demanda no gastar más de lo que se tiene, proteger la economía de los vaivenes externos, atraer la inversión, fomentar el empresarismo, invertir en la educación y la salud como regla de oro para la equidad social, y fomentar la innovación a todos los niveles para generar productividad, eficiencia y bienestar. Colombia, un poco más estable en su democracia y crecimiento, también ha sido víctima de este fenómeno en el gobierno de algunas de sus ciudades más importantes con consecuencias desastrosas que tardarán años en ser superadas. Pero además está siendo víctima de un virus que puede ser mortal y que quiere ser inoculado por algunos de sus líderes políticos, de llamar al caos y al pesimismo con declaraciones altisonantes y narrativas del desastre y del horror que representan los otros, planeando para sí dividendos electorales, victorias que serán pírricas si siguen destruyendo la confianza interna y externa.Las ideologías deben ayudar, sin duda, al desarrollo, pero a través de discursos inspiradores que nos lleven a ser mejores como individuos y como colectivo, aportando a través de la disciplina social, el respeto a las normas y la confianza al bienestar y crecimiento de todos. La paz, que tanto hemos anhelado y que queremos que sea un valor para nuestros hijos y nietos, no puede considerarse nunca un sueño equivocado. Porque, además, así sea ahora o dentro de un siglo, tendremos que aceptar que nos toca convivir como colombianos, y que la mejor manera es propiciar una reconciliación con unas bases mínimas, que seguirnos matando.

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