Dar para recibir

Octubre 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Vivir en sociedad exigiendo el cumplimiento de derechos a partir de los cuales se construyen oportunidades individuales y bienestar colectivo, implica también atender pactos u obligaciones que la sociedad ha establecido con el fin de garantizarlos. Colombia está frente a un panorama fiscal complicado por cuenta de los menores ingresos petroleros, que de no corregirse pronto implicará que se incremente la inflación y la devaluación, se pierdan empleos y se ahuyente la inversión, además de las consecuencias sobre el gasto social dirigido a combatir la pobreza.El Gobierno por fin reveló sus cartas para resolver este difícil estado de cosas con la presentación del Proyecto de Reforma Tributaria, orientado a atender los retos en materia de salud, educación, vivienda, infraestructura, entre otros temas esenciales, pero a la vez a que el país sea más atractivo para la inversión, incremente la formalidad, y cuente con una estructura fiscal más equitativa para ser más competitivo a partir de del desarrollo de sus regiones, sus empresas y su gente.En este sentido, hay que resaltar que disminuye la hoy elevada carga sobre las empresas con el fin de estimular la inversión y amplía la base para que no graviten los impuestos sobre los mismos, dado que el 80% del Impuesto de Renta es pagado sólo por el 1% de las empresas; con el monotributo voluntario simplifica la tributación para los pequeños comerciantes para facilitar el cumplimiento de sus obligaciones y favorecer su formalización; y establece incentivos para las nuevas empresas en zonas afectadas por el conflicto con el fin de cerrar las brechas de desigualdad.Con todo, lo que más genera discrepancias son el aumento del IVA, no obstante que no se gravaría la canasta familiar, y los impuestos a las bebidas azucaradas, por lo cual será necesario generar un análisis de fondo sobre estos tópicos. De otro lado, es una buena medida que se proponga que el IVA no se aplique en la adquisición de activos fijos utilizados en la actividad productora de renta, porque incentiva el fortalecimiento empresarial.Son muchas otras las propuestas que desde el pasado miércoles son objeto de análisis público. Lo importante es resaltar el esfuerzo por racionalizar la carga, generar equidad y evitar que algunas actividades económicas realizadas por entidades no empresariales compitan deslealmente al no tributar. Se critica que en nuestro país los impuestos no se convierten en herramienta para atacar la desigualdad. De ahí la importancia de velar porque el gasto se haga de manera equitativa y se combata la corrupción. Y así conjurar el argumento de algunos, que se justifican diciendo que no pagan impuestos porque se los roban, llevando a que nuestro país exhiba cifras de evasión del IVA del 23%, del Impuesto de Renta del 39% y del 27% en Protección Social, perdiendo ingresos tributarios equivalentes a 4,3 puntos del PIB.Es por esto que las propuestas de la reforma deben ser objeto de un análisis serio y racional y, sobre todo, evitar que sea usada como ‘caballo de batalla’ político para que no caiga víctima de la desinformación como ocurrió con los acuerdos de La Habana. Porque al igual que la paz, que esperamos se concrete con prontitud, el futuro del país depende de su fortaleza fiscal. Y esto pasa por entender que es fundamental que todos honremos nuestras obligaciones y trabajemos en una cultura de cumplimiento tributario, con el fin de evitar que los deberes públicos, que sustentan los derechos que exigimos al Estado, recaigan en unos pocos.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad