Calma

Calma

Abril 08, 2017 - 12:32 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

No es para nada deseable el panorama que algunos quieren instaurar sobre lo que ocurre en el país. La narrativa del caos que se busca masificar es peligrosa para Colombia, puede llegar a ser implacable, hasta para quienes la promueven… es imposible determinar cuáles van a ser los resultados de sembrar la incertidumbre y el pesimismo, y en todo caso, no va a ser nada bueno.

Es triste comprobar cómo en nuestra sociedad muchos son ‘buenos’ de puertas para adentro, excelentes padres de familia, vecinos, hombre de empresa, pero malos de puertas para afuera, es decir, para trabajar en lo colectivo, que es la búsqueda del bien común.

La apuesta por la desinstitucionalización puede resultar terrible para Colombia. La polarización es fatal para cualquier nación y, pese a la admiración que genera en el exterior la estabilidad de la economía, nuestra posición geoestratégica, el talento del recurso humano y el proceso de paz, entre otras cosas, estas fortalezas aquí no se ven o se ignoran deliberadamente.

El Fondo Monetario Internacional dice que Colombia tiene una de las economías más sólidas de América Latina y destaca la manera cómo el país enfrentó el choque externo producido por la baja en los precios del petróleo; la calificadora de riesgo Fitch Ratings mejoró la calificación del país, al pasarla de negativa a estable, lo cual es una gran noticia para la atracción de inversión, que por cierto tuvo un crecimiento del 16% en 2016; el nuestro será el segundo país con mayor crecimiento de su economía en América Latina en 2017, después de Perú; se espera un crecimiento del 9% de las exportaciones; estabilidad en la tasa de cambio; y el país ha avanzado en múltiples temas sociales en beneficio de los más pobres.

¿Tenemos dificultades? Pero, claro. Como las tienen muchos países en el mundo, y por eso instituciones y ciudadanos debemos contribuir a solucionarlas.

Hace falta pensar con grandeza para que nuestras instituciones puedan asumir el reto también de actuar con grandeza, no acorraladas por el miedo como se pretende tenerlas con el manto de sospecha de que todos los que las integran son delincuentes.

Un ejemplo de cómo fue posible destrabar la ejecución pública pensando con grandeza es lo que ha ocurrido con la infraestructura, lo que permitió a Colombia la construcción de 110 mil viviendas con una inversión de $4,4 billones; recursos por $39,6 billones para las autopistas de cuarta generación; $6 billones en obras públicas a cargo del Invías; $4 billones a través del Plan de Vías para la Equidad; $2 billones en el Puente Pumarejo y la vía Buga – Buenaventura; $3,4 en la modernización de 55 aeropuertos; con la ventaja de que esto está a la vista de todos y los pliegos de la ANI son pliegos tipo u objetivo, además se eliminaron los anticipos y las adiciones.

¡Y pensar que aún falta 14 meses para la primera vuelta presidencial! ¿Será posible que todos los sectores atiendan un llamado a la calma, a pensar en los asuntos estructurales del país, a dejar que la justicia actúe donde tenga que actuar, y apuntalar la confianza para poder trabajar en los factores que permitan fortalecer la economía, el crecimiento de las empresas, la generación de empleo, la competitividad de las regiones, la seguridad y el bienestar de los más desfavorecidos?

Porque después de subir un ‘Everest’ de dificultades como los que nos ha tocado en el último siglo y llegar a admirar el panorama del otro lado de la montaña, a donde podemos llegar si tenemos la grandeza de hacerlo, pareciera que buscamos retroceder en el camino. “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, dicen los profetas de desastres, como en el cuento de García Márquez. Por favor, no le creamos al cuento y trabajemos día a día para construir un mejor futuro. Nos lo merecemos, a cambio de hundirnos en la desesperanza.

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