Aterrizaje y despegue

Aterrizaje y despegue

Julio 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Julián Domínguez Rivera

El mundo está en la era de la competitividad. El mercado de productos y servicios se universalizó, y cada vez es más importante luchar por llegar a los compradores con mejores precios, lo que impone márgenes muy estrechos entre el costo de producción y el precio al consumidor. En la cadena de producción un factor esencial es el transporte, especialmente si los productos se venden a destinos remotos, propósito de la internacionalización de nuestra economía que cuenta ya con Tratados de Libre Comercio con EE.UU., Canadá y en octubre con Europa, entre otros. En las mediciones de la competitividad Colombia tiene grandes retos, en particular por cuatro factores: el funcionamiento de sus instituciones, la deficiencia de la infraestructura, los bajos niveles en educación y la poca innovación.Ya en el pasado me he referido a la necesidad de que el Valle del Pacífico aproveche su ventaja comparativa y envidiable localización en la Cuenca de mayor desarrollo. Es necesario referirse en concreto a macro proyectos detonantes que permitan avanzar en competitividad.En relación con la infraestructura regional un aspecto rezagado, aún a nivel nacional, es el Aeropuerto Bonilla Aragón. Bogotá, Medellín y Cartagena están construyendo terminales modernas y eficientes. Qué decir de América Latina; en Brasil se está construyendo un moderno aeropuerto en Sao Paulo y Curitiba tiene una terminal futurista.El Contrato de Concesión para el aeropuerto de Cali fue estructurado a finales de los años 90, considerando como elemento central la ejecución de obras incluidas en un plan maestro y la operación de la infraestructura existente. En la actualidad el concesionario paga a la Aeronáutica Civil el 61% de sus ingresos, hasta la fecha $275 mil millones. Los proyectos de infraestructura deben dimensionarse para atender necesidades presentes y futuras. En estos casos, la oferta genera la demanda: si la región no cuenta con puertos y aeropuertos de talla mundial, no llegarán los grandes barcos ni los aviones, quedando por fuera de las líneas troncales de la conectividad mundial. Para atender de manera eficiente las necesidades de carga, pasajeros y constituirse en una de las caras amables frente a una vocación turística innegable de la región, es necesario construir obras de gran calado.El aeropuerto fue hijo de la serie de obras que se hicieron para los Juegos Panamericanos y en el año 2013 Cali será la sede de los Juegos Mundiales (World Games) evento que congrega aproximadamente 4.000 atletas de disciplinas no olímpicas con más de 30 categorías deportivas. Qué buena ocasión para una nueva terminal que cumpla todas las expectativas.Para ello, es imprescindible y urgente que por contratación de obra pública y concesión, se llegue a un acuerdo sobre el desarrollo aeroportuario que requiere la región, lo cual podría incluir los aeropuertos de Tuluá y Cartago, con el objetivo de responder a los retos actuales y futuros que tiene el Valle. No es descartable que una de las fuentes de recursos sean las regalías.Cuando se construyó el aeropuerto se lo tildó de elefante blanco y ya quedó pequeño. Esa ha sido la tradición de las grandes obras en la región desde cuando a principios del siglo pasado Manuel María Buenaventura lideró la construcción del Teatro Municipal de Cali. Hay que remover la cultura estrecha que nos impide pensar con grandeza si queremos, como nos lo merecemos, estar a la vanguardia del mundo en competitividad.

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