Verraquera máster

Junio 26, 2017 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Una de las cosas que más me emberracan es que alguien me corrija cuando escribo la palabra berraco con b de burro. Me dicen que es con v chiquita, verraco, y que la palabra se aplicaba originalmente a los cerdos que no castraban. Consultando los diccionarios veo que se escribe de las dos formas, según las preferencias del escribidor y según las circunstancias en que se use. Según ello, también, se cambia el significado. Y según el tono. Y el énfasis. En un tiempo yo era un verraco, el berraco de guacas, como el cerdo monstruoso que espantaba en Heliconia, el que se las sabía todas, al que nadie corchaba. Qué berraco, decían, o éste es mucho verraco, y yo me inflaba. Y cuando en la oficina me tildaban de verraco por todas las tareas que cumplía me elevaban el sueldo. Y en los bares aplaudían mi verraquera cuando le tumbaba la novia a uno igual de berraco pero que terminaba aún más verraco. Pero cuando a alguien le jugaba alguna trastada la víctima me decía toda berraca “verraco de mierda”. En el sentido de vergajo, otra palabrita de animales raíces, ese látigo que se hace con la verga del toro. Que termina designando al despreciable, al bellaco, al miserable, y en el mejor de los casos, al niño travieso. También hay el berraco para joder, el verraco para viajar, el verraco para jugar billar. Cuando se corona un proyecto exitoso se dice “qué verraquera”, pero también cuando se fracasa se manifiesta la verraca berraquera. En las exposiciones de arte ya no se habla de la maravilla de la técnica ni el color sino que se exclama con todo énfasis “¡la berraquera!” Igual de un libro, de un edificio, de una represa. De la manera de tocar un instrumento o de llevar a la pareja en la pista. La verraquera master se dice cuando se ha alcanzado el tope. Pero también cuando alguien no quiere o no puede hacer una cosa se rancha en que “Ni pu’el verraco”. También se usa casi como sinónimo de ser a secas, “el berraco no fue capaz”. Sorprende que una palabra que proviene de un chiquero resulte con tan rica polisemia.

Otro tanto sucede con la palabra berriondo, también referido al marrano cuando está en celo, que al igual acepta verriondo, en el sentido -cuando se trata de estados de ánimo-, de que está lo que se dice emputado. Pero también es un tipo emprendedor, intrépido, tirado pa’lante, capaz de todo.

Se necesita ser muy verraco para vivir en Colombia, berraco para vivir o sobrevivir, para conseguir y para dar trabajo, para protestar, para combatir, para defenderse, para triunfar. En reciente artículo en este periódico, Ana María Díaz enfatiza en que incluso para ganar elecciones se ha impuesto la estrategia de impulsar al votante a botar verraco. En el sentido de emputado, no de brillante, experto o capaz.

La verraquera ha de manifestarse de diferentes maneras, primando las positivas. De puro berraco un escritor o un pintor pueden coronarse geniales. No debería servir el término, ni con b de burro ni v chiquita, para designar el delito: berraco para robar, verraco para matar, berraco para hacer trampas, verraco para violar mujeres o niños.

Todos somos unos verracos para algo, inclusive para emberracarnos de vez en cuando. Pero somos unos contradictorios polarizados. Así como hubo unos verracos para hacer la paz, no faltaron los que se emberracaron con ella. Berracos con b de burro y verracos con v chiquita. Sea berraco, demuestre su verraquera.

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