Ulises Estrella y El Monje

Diciembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Entre las deudas grandes que tengo con el Ecuador, ese país que se convirtió en la mitad del mundo, está que fue la cuna de mi madre, en Ambato, la ciudad de las frutas y los tres Juanes, y que un grupo de jóvenes comandados por Ulises Estrella crearan el movimiento Tzánzico en 1962. El término viene de tzanza, cabeza reducida por los jíbaros, como en ese tiempo todavía se identificaba a una tribu de indígenas algo salvajes, antes de que adquiriera un ribete más sofisticado, el de vendedor al detal de estremecimientos. Aún vemos en algunos anticuarios esos pequeños cráneos pendientes de su trenza y con los labios cosidos, y eso era lo que querían hacer estos borrascosos poetas con las cabezas infladas del gobierno y de la burguesía y de la religión y de la academia. “Reduciremos la cabeza de lo falsamente engrandecido”. Dicen los reseñistas que esta insurrección duró hasta el 69, pero su influencia se despliega hasta nuestros días, si aún pudiéramos decir que sean nuestros. Era la época en que la juventud de nuestra América reventaba de una estrepitosa voluntad de cambiar el mundo, el arte y la vida, más allá de las pretensiones del socialismo. Ya los nadaístas de la sorda Colombia habíamos hecho sonar nuestra campanada. Y lo hacían en Venezuela los del grupo Techo de la Ballena, desde su revista Rayado sobre el techo, con Carlos Contramaestre, Adriano González León, Edmundo Aray, Caupolicán Ovalles, Juan Calzadilla. Y en México desde El corno emplumado, a través de Sergio Mondragón y Margaret Randall y Pájaro Cascabel de Thelma Nava. En Argentina desde Eco contemporáneo de Miguel Grinberg y Airón, de Basilia Papastamatiu. Los tzántzicos lo hacía desde sus revistas Pucuna y La bufanda del sol. El nadaísmo sólo vino a tener su revista, Nadaísmo 70, muchos anos después de que, según los críticos, se acabara. Porque nunca faltan los enterradores precoces. La voz de Ulises Estrella se hizo sentir entre toda la vanguardia de Latinoamérica por ser uno de los más estridentes e intransigentes, a través de sus manifiestos, sus proclamas y sus poemas. Era una militancia incendiaria con altos alcances populares, a diferencia de nosotros, que muy pronto salimos de los sindicatos que nos deparara el Partido a través de Pedro Alcántara, hacia públicos más informados de nuestras pretensiones de reformistas salvajes. Ulises se movió por todos los ámbitos, fue miembro del Comité de Cineastas de América Latina, de la Fundación de Nuevo Cine Latinoamericano y con esos antecedentes fundó la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que se convirtió en un bastión intelectual. María Aveiga afirma refiriéndose a la forma como el poeta retrata a su natal Quito, esa ciudad con nombre de cuchillo como la cataloga Michaux: “Ulises Estrella camina. oye, siente, desenmaraña su ciudad desde un ángulo que no es el del peatón común. Estrella es sin duda alguna un peatón de Quito, atento, sensible, fragmentado en esos muchos mundos que tiene la ciudad, que él hace entrar en su corazón como a una catedral abierta”. El mensaje en mi fono de parte de Leandro Katz, poeta argentino que hizo parte en su momento tanto del movimiento tzánzico como del nadaísta, decía: “Qué tristeza. Se nos fue Ulises Estrella”. Coda. Entretanto, confirmando la inmortalidad de los nadaístas en el otro y en este mundo, el poeta y novelista Elmo Valencia, más conocido de aquí a Kafarnaun como el Monje Loco, se apresta a cumplir los mismo anos, 79, de Fidel Castro y la Reina Isabel. Para celebrarlo, el sábado 3 de enero se hará una pachanga fenomenal en medio de la Tertulia Médica del doctor Adolfo Vera Delgado. Confirme su asistencia al tel. 3153101449. Se aceptan regalos acordes con la ocasión.

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