Sigifredo va con Dios

Sigifredo va con Dios

Diciembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Como poeta y escritor público estoy casado con la suerte de Sigifredo López. Iré con él hasta las últimas consecuencias en la compensación de sus sufrimientos y en la restitución de su honor. En pasada oportunidad referí lo que me contara acerca de cómo la expresión de la poesía le había dado fuerza para resistir las calamidades y alejar la idea del suicidio. Aquí cuento lo que me dijo cuando me decidí a preguntarle por el papel jugado por Dios en este proceso. Suprimo las preguntas para optimizar el espacio.“Además de ocupar mi tiempo con la poesía, lo ocupaba orando. En circunstancias difíciles el hombre se aferra a Dios. En la opción de creer o no, yo decidí creer. Y orar con mayor intensidad. Y te aseguro que tuve experiencias místicas. La Virgen me habló diciéndome: “Ya el milagro está hecho”. Pues acababa de ocurrir la ‘Operación Jaque’. Las razones de la lógica son de alcance muy limitado en comparación con la fe.Decidí creer y 5 meses después llegó la noticia de mi liberación, no fue una sorpresa, porque yo ya lo sabía, esos mismos 5 meses estaba yo preparándome para la libertad, porque la Virgen ya me lo había soplado. En las circunstancias extremas, aprendí que enfrentarlas con Dios es difícil, pero enfrentarlas sin él, es devastador. Sin el acompañamiento de Dios, me habría derrumbado. Pero con la fe vencí temores, dudas, y de alguna forma con lo que sigo luchando es con las fuerzas de Dios y no con las mías. Sólo lo anterior explica, por ejemplo, cómo pude yo, un hombre aparentemente desasistido, derrotar a la Fiscalía, con todo un aparato judicial decidido a causarme daño, presentándome ante el mundo como el peor criminal de la historia del país. Y no pudieron. Eso sólo puede tener explicaciones divinas.O la otra de cómo sobreviví. Dios me saca del escenario de muerte 4 días antes, porque tuve una discusión con un guerrillero, lo que me salvó… Esto no se explica sino como una intervención divina. Yo estaba luchando asistido por las fuerzas de Dios, lo cual me hacía inderrocable. Quien pretendiera pensar que yo, habiéndome auto secuestrado, me hubiera salvado, estaría negando un milagro. Quien afirmara eso, no estaría luchando conmigo sino contra Dios. O dudando de ambos. Esa es la razón mística, que sólo hombres de fe pueden entender, por la cual la Fiscalía no pudo conmigo. Que ellos no estaban luchando conmigo, sino contra Dios.Somos de una generación a la cual se le enseñó que mientras los objetivos estuvieran claros, se trabajaba por algo y se lograba, pero ahora resulta que muchas veces uno busca las cosas y no se le dan. Y se da uno cuenta de que el futuro y el éxito son una farsa, pues todo parece estar predestinado. Ahora he vuelto a creer en la predestinación. El futuro es algo que usted sale a perseguir y lo encuentra. Si uno pudiera mirar con desdén los esfuerzos humanos que tienen que ver con el ego, la vanidad, el egoísmo, si uno pudiera desprenderse de eso, evitaría el sufrimiento. Como los budistas, que con el zen, se liberan de todos esos apegos. Cuando se está en la selva, donde uno no tiene más que un maletín con dos calzoncillos, medio rollo de papel higiénico, una sudadera, una camiseta y unas botas con pecueca, ahí comprende que lo único que tiene son sus valores y que se está solo frente al universo con sus convicciones. En ese momento hay dos opciones: o dejarse derrumbar o darle sentido a la existencia trabajando esos valores.Hoy me siento un hombre feliz, porque no pienso en lo sufrido, sino en cómo Dios me dio fuerza, y cómo soy un bendecido por él, y en esa medida ya no tengo derecho a la tristeza, ni a quejarme. Ahora yo disfruto, busco la alegría de cada día, soy feliz con una conversación, con una oración, con una tarde, tratando de llevar una vida menos veloz y torpe de la que hasta entonces llevaba”.

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