Sexo en prensa

Sexo en prensa

Julio 24, 2017 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

He pensado que después de que se instauró el amor libre -ahora se le llama liberación sexual-, gracias a la sumatoria de aportes de la píldora que abolió la pesadilla del embarazo, el feminismo que desestimuló la fidelidad femenina, el hippismo que desencadenó una pacífica promiscuidad alucinógena, el desprestigio de la moral eclesiástica, la dignificación de la mujer con el acceso a los más altos cargos, el avance del Sida entre la población de alto riesgo, quienes acuden a los burdeles para satisfacer su libido deben ser seres muy aberrantes. Deben buscar quizás emociones más fuertes que las simples del himeneo con la novia, con la amante, la amiga o la secretaria, para no mencionar el roce convencional con la esposa, más bien ajeno al erotismo.

Toda una vida surtiendo de misionero, y ante el alud de provocaciones estrambóticas que brilla en las páginas de los avisos limitados de los periódicos del mundo, incluido éste, hasta el más casto se siente tentado a dar el salto a lo prohibido. Lo que llaman los sexólogos las aberraciones, que en los caballeros rijosos deja muy atrás a la legendaria ninfomanía, que se le achacaba a las mujeres poseídas por el demonio de lo insaciable. Para aquellos a quienes el temor del Sida les impide mantener en alto la bandera del erotismo, la pornocibernética es la panacea puesta al alcance de la mano.

Tenía que ser él, publicitario y amante de las palabras, catalán de nacimiento y colombiano de corazón, con una larga estela de éxitos en Colombia, José María Raventós, quien tuviera la idea, hace algunos años, de recopilar 1200 anuncios reales, aparecidos en periódicos de Barcelona a Buenos Aires, para probar cómo la creatividad es también ingrediente decisivo en la oferta de servicios libidinosos y primeros auxilios sexuales. Vi en su momento la obra impúdicamente expuesta en las librerías, y no me aguanté el deseo de poseerla, y en algún momento de comentarla. Y decidí no prestarla, como antes no se prestaba la novia.

Sexo por palabras fue desde siempre un homenaje del autor a las chicas (y chicos) de la vida fácil, y el homenaje comienza por glosar ese término, pues considera que es una de las faenas más duras de un ser humano, echarse encima a otro muerto de las ganas de desfogarse. Ser presa del baboso besuqueo y tajada en dos por unos pesos más desvalorizados que su autoestima. Lo del oficio más antiguo del mundo está por probarse, yo pensaba que era la poesía. Por algo la han tratado siempre como la cuca del paseo.

Estos anuncios en un principio debían venir camuflados en secciones casamenteras o en ofertas de caballeros magnánimos a señoritingas en aprietos. Pero poco a poco fueron ganando espacio, con la punta de lanza de la oferta de masajes, relax y relaciones indiscriminadas. Cito algunos sugestivos ejemplos que provocarán más que una sonrisa: “Lourdes, milagro sexual. Tel...”, “Ejecutiva despedida por provocativa y distraer al personal. Llámame”, “¡Me caso! ¿Quieres poseerme antes de mi boda? Sólo hotel”, “Hombre casado de 42 años, gordito. Por problemas económicos me ofrezco para hacer tríos con parejas y mujeres de toda España”, “Yvonne, dulce fresa. Sólo me falta la nata”, “Labios carnosos monte pelón, grandes pechos, acepto todo”, “Vegetariana. 20 a. Me encantan los pepinos”, “Me falta calcio. Dame leche”, “Busco esclavo lamepiés”. Ya Eduardo Escobar había encontrado una perla: “Busco travesti con fines serios”.

Si la situación económica sigue como va, que no sobra ni un chimbo para invertirlo en tan refinados placeres, me tocará volver por mis fueros e insertar el siguiente anuncio por palabras: “Publicista erotómano retirado ofrece redacción de avisos mórbidos irresistibles. Cobro en especies.”

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