Otra ronda con la muerte (2)

Diciembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Declararé la guerra al mundo que me tira por la borda, daré mis últimas y más feroces patadas de ahogado, me iré aislando de un mundo que ya no me determina, que en el colmo de su inocencia piensa que va a sobrevivir a mi aniquilamiento, (empieza el estadio de depresión) y llegará el momento en que me deprimiré por la suerte de los míos, por la total indefensión de mis hijos, de mis amores y de mis poetas, me sumiré en un mundo y en una insensibilidad avanzados, descreeré de las manifestaciones de afecto que son más bien de compasión por este próximo inquilino de los infiernos, la apatía cubrirá las noticias de los medios comunicantes, entenderé por fin a quienes edificaron su reino en la soledad, (empieza el estadio de regateos) hasta que la razón volverá por sus fueros confrontándome por la mansa entrega al proceso de disolución de la vida, y me instará a rebelarme y a resistir, la vida es superior a cualquier fracaso y a cualquier diagnóstico clínico, quedan las alternativas de dios y el diablo, a quienes se les puede extorsionar con promesas desventuradas, pero en un momento dado se rendirán las fuerzas insurreccionales y sobrevendrá un lampo de paz casi desde afuera del cuerpo, del que ya no me sentiré dueño sino arrendatario con el contrato vencido, me despediré de beso de mis amores instalados en el pasado como si ya me hubiera ido, y me sentaré a aguardar a la muerte con ansia loca, con una expectativa creciente, eufórico porque al fin voy a desentrañar el misterio de los misterios, si hay una vida más allá, y si me estarán esperando los muertos queridos, de modo que estaré en trance de un segundo nacimiento en el éxtasis, levemente entrevisto cuando me fue dado entreabrir las puertas de la percepción aupado por aldous huxley, en el más inesperado y nunca antes sentido entusiasmo del cielo, (empieza el estadio de decatexis) y entraré en el último estadio de conciencia de los ángeles mortales arrojados del sitio donde cayeron los ángeles soberbios arrojados de la presencia divina, y a partir de ese momentos la esperanza será lo primero en perderse, por lo menos de sobrevivir en la tierra, dejando abierta la hipótesis del permanecer trascendente, por mi cuerpo misterioso se sucederán alternativos sacudimientos, la lengua comenzará a ponérseme esponjosa, con dos dedos de la mano derecha movidos por la mano de san Nicolás bendeciré el mundo que me fue dado y esos atisbos del ser donde fui tan feliz como desdichado, conejillo de indias de la existencia, las curvas que van de la base de las aletas de la nariz a las comisuras labiales se pronunciarán en la a de arbeláez, sentiré pasar la avalancha de imágenes que acabo de recibir para esta declaración, en un instante supremo lo comprenderé todo, ninguna duda que me quedará de aquellas que tanto me atormentaron, filosóficas y morales, comprenderé si dios existe o si todo está permitido, el remordimiento dará paso al arrepentimiento por el robo a mi madre de la cruz copta, la pedrada en el ojo al ‘pájaro’ moribundo cuando la caída de rojas, la llamada a luis ernesto para que me trajera corriendo la carta de gonzalo que le acarreó el accidente, la vacamuerta en la campiña a la niña jipy con eduardo y zalameíta, el pase de coca a la lula que se le estaba parrandeando la vida y las patadas en la cara a la maga y a la bruja, dios me perdone, se me nublará la luz del primer día del génesis, y como contra la absoluta realidad de la vida –ya que no existe– no hay nadaísmo que valga, dejaré que sea la literatura la que ponga el punto final a los días que se me concedieron sobre la mansa tierra, conservo, sin embargo, una fe absoluta en que voy a ser enterrado vivo: esa será mi última forma de plantearle en su propio rostro un mentís a la muerte.

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