Misión cumplida

Misión cumplida

Octubre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Con una extraña mezcla de orgullo y humildad me permito informar a quienes me leen y me quieren para que me lean y me quieran más, y de paso a quienes ni lo uno ni lo otro a ver si recapacitan, que luego de 55 años de escribir y publicar mis poemas -gracias al profeta Gonzalo Arango que me concedió la alternativa cuando recién salía del Santa Librada- que acabo de merecer el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde 2015, otorgado por la Universidad de Zacatecas, México, como reconocimiento a mi obra. La presea, que consiste en medalla de plata y un cheque que no digo de cuánto para que no se alegre la Dian ni sufran los enemigos, me será entregada en solemne ceremonia durante las jornadas lopezvelardianas en Zacatecas en diciembre 5. Ya mandé que plancharan mi liqui-liqui. Este premio se concede anualmente al escritor iberoamericano que “sobresalga por sus logros al representar los sentimientos por medio de la palabra”. La noticia me la puso en el oído el poeta Marco Antonio Campos, y me fue confirmada por el coordinador ejecutivo del premio, poeta José de Jesús Sampedro. A ellos, al comité elector, y al rector Armando Silva Cháirez, mi emocionada gratitud. Es mi quinto premio de poesía. Los que tenía calculados y los maestros espirituales me tenían prometidos. Si aspiro a ganar otros, ya será por esfuerzo propio y sin nada de ayudas de San Nicolás, mi santo patrono.En 1970, huyéndole a un amor y a los Juegos Panamericanos del 71, salí de Cali con una caja llena de líricos borradores pergeñados en 10 años a tomarme la capital por la poesía, en compañía de Elmo Valencia. Pasé una década oficiando a las deidades lisérgicas desde el hippismo, hasta que me di cuenta que había aparecido un animador por la TV con mi mismo nombre y el apellido de mi amigo y amenazaba borrarme. En vez de desanimarme acudí a mi caja de borradores y preparé el libro Mi reino por este mundo, con el cual gané el Premio Nacional de Poesía de la editorial Oveja Negra -por entonces de García Márquez-, y la revista Golpe de Dados, de Mario Rivero. El cheque me lo entregó el expresidente López Michelsen, con el alentador elogio de “se premia una promesa”, y ese día se lanzó a la reelección pero se lo merendó Belisario. Quien gracias a ese premio me mandó por Europa en una gira de embajador cultural a partir de Macedonia hasta España predicando la paz y la poesía.También merced a esa presea me integró en Propaganda Sancho don Álvaro Arango, para que me siguiera ganado mensualmente hasta pensionarme los mismos miles que había recibido de premio. Pasados 15 años acudí de nuevo a la caja de los mágicos borradores y elaboré el libro La casa de memoria, que ganó el Premio Nacional de Poesía Colcultura 1995. En 1999 quise despedir dignamente el milenio. Con El cuerpo de ella, un poema de 1960 dedicado a Dina Merlini que encontré en la misma caja y que me perdonaron los atracadores que me hicieron ‘el paseo millonario’, concursé y gané el Premio Nacional de Poesía del Distrito. Al año siguiente lo presenté en edición bilingüe en París, en la Unesco, en el Salón de los Pasos Perdidos.En 1996 me publicaron en México, en ediciones Alforja, Paños menores. Con ese libro gané el Premio Internacional de Poesía ‘Chino’ Valera Mora de la Fundación Rómulo Gallegos. Y ahora recibo el Premio Internacional Ramón López Velarde 2015, que cubre el trabajo. Creo que el hijo del sastre del barrio Obrero, al borde de los 75, le ha cumplido a Cali, a Colombia, a los amigos y a la poesía. Mucha gracia.

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