Los libros de fiesta

Abril 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

No puedo concebir que haya gentes, y no me refiero a indigentes, que nunca hayan tomado un libro ni por el forro. He percibido que la lectura es una de las operaciones básicas del alma y del cuerpo, como ver, sentir, respirar, oír, oler y reír. No basta con habitar el mundo real -si es que puede llamarse real el mundo-, pudiendo acudir a esos otros mundos, que como los de los sueños, complementan el que nos dieron. Esos creados por escribanos de pluma inspirada, tras cuya lectura toma verdadera estructura el alma. Cómo no leer para lograrlo a Dostoyevski, a Nietzsche, a Kafka, a Tolstoy, a Balzac, a Descartes, a Fernando González. Incluso a Julio Verne y a Jean Paul Sartre. Llega la Feria Internacional del Libro y, aunque no me cabe uno más en casa y ando sin cinco en el bolsillo, me preparo para asistir a torturarme, más que con las novedades que ofrecen retumbantes editoriales, con el encuentro insólito de ese tomito que he buscado toda la vida. Que son varios y en este momento no tengo presentes los títulos, pero sé que por allí andan por el subconsciente. Ando también a caza de los que se me perdieron, que aunque casi me los sé de memoria, no soporto un hueco en mi biblioteca.Aparte de merodear por los stands repletos de tomos, voy a disfrutar de dos jolgorios adicionales, cuales son el encuentro con los amigos escritores dejados de ver por añares, pues viven en el extranjero o a la vuelta de nuestra casa pero nunca se dejan ver. Es emocionante esa abrazadera entre pabellones, la misma sonrisa con los mismos dientes un poco más trajinados, cada uno contándose sus nuevas aventura editoriales.Este año la Feria Internacional del Libro de Bogotá no está dedicada a un país del orbe, sino a una región de la imaginación desbordada, a Macondo. Cientos de libros, charlas, conferencias y espectáculos alrededor de la obra del Nobel de ese lugar. Sin la indeseable presencia esta vez de don Mario Vargas Llosa, autor del libro más copioso y zalameroso hacia García Márquez, hoy recogido, Historia de un deicidio, que tuvo el punto final de una trompada trapera. Como único ganador del premio de poesía 1980 de La Oveja Negra, editorial por entonces de García Márquez, no podía quedarme sin participar en esta orgía que lo perpetúa. Preparé entonces y entregué a Caza de Libros Editores un paquete de textos referidos al ‘monstruo’ en su mayoría, que aparecerá bajo el título El Excelentísimo Gabo... y los burros costeños.De las prosas sin artificio que publico en los periódicos he aliñado estos textos, que en la contratapa del libro son presentados de la siguiente manera. “Permitamos que la poesía, patinando sobre la prosa periodística y el versículo bíblico, deje constancia de los avatares de un personaje mítico, una sociedad en conflicto, un proyecto cultural controvertido, unas regiones heroicas y pintorescas, durante toda una época saturada de sobresaltos, con sus grandezas y minucias. De los encuentros personales y literarios con García Márquez a través de la vida, así como de las relaciones del autor con Cuba y su participación en la creación del ministerio de Cultura y la observación de ciertas costumbres costeñas, trata este libro, en una serie de Naditaciones -género híbrido patentado en los 60 por Gonzalo Arango y Amílcar U-. El libro, tratado con el humor persistente y corrosivo del prolífico nadaísta, hace parte de la saga ‘Los días contados’, poema-río programado en una docena de tomos confesionales. Los temas aparecieron originalmente como columnas de prensa ‘Mú’ y ‘Contratiempo’ en El Tiempo, ‘Contratiempo’ en El Espectador, e ‘Intermedio’ en El País, a partir de 1990. Se les ha aplicado algo de lija, tijera, buril y soplete.”

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