Limitados libertinos

Diciembre 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

He pensado que después de que se instauró el amor libre -ahora se le llama liberación sexual-, gracias a la sumatoria de aportes de la píldora que abolió la pesadilla del embarazo, el feminismo que desestimuló la fidelidad femenina, el hippismo que desencadenó una pacífica promiscuidad alucinógena, el desprestigio de la moral eclesiástica, la dignificación de la mujer con el acceso a los más altos cargos, la inminencia de la guerra exterminadora, el avance del sida entre la población de alto riesgo y la hora zanahoria que no da para menos, quienes acuden a los burdeles deben ser seres aberrantes. Deben buscar quizás emociones más fuertes que las simples del himeneo con la novia, con la amante, la amiga o la secretaria, para no mencionar el roce convencional con la esposa, más bien ajeno al erotismo.Toda una vida surtiendo de misionero, y ante el alud de provocaciones estrambóticas en las páginas de los avisos limitados de los periódicos, hasta el más casto se siente tentado a dar salto a lo prohibido. Pues posiblemente le despierten la nostalgia por aquello que nunca tuvo la oportunidad de probar. Es lo que llaman los sexólogos las aberraciones, que en los caballeros rijosos deja muy atrás a la legendaria ninfomanía, que se le achacaba a las mujeres poseídas por el demonio de lo insaciable. La gama es infinita e infinita la oferta satisfactora. Ahora el sexo oral no es el que antes se estilaba, sino el que se ofrece a través de las líneas del teléfono caliente, capaces de volverle a encender la imaginación a un ginecólogo. Y para aquellos a quienes el temor del sida les impide mantener en alto la bandera del erotismo, la pornocibernética es la panacea puesta al alcance de la mano.Tenía que ser él, publicitario y amante de las palabras, catalán de nacimiento y colombiano de corazón, José María Raventós, quien tuviera la idea de recopilar 1.200 anuncios aparecidos en periódicos de Barcelona a Buenos Aires, para probar cómo la creatividad es también ingrediente decisivo en la oferta de servicios libidinosos y primeros auxilios sexuales. He visto la obra impúdicamente expuesta en librerías, y no he aguantado el deseo de poseerla. Y he decidido no prestarla, como antes no se prestaba la novia.Sexo por palabras pretende ser un homenaje del autor a chicas (y chicos) de la vida fácil, y el homenaje comienza por glosar ese término, pues considera que es una de las faenas más duras de un ser humano, echarse encima a otro muerto de las ganas de desfogarse. Ser presa del baboso besuqueo y tajada en dos por unos pesos más desvalorizados que su autoestima. Lo del oficio más antiguo del mundo está por probarse, yo pensaba que era la poesía. Por algo la han tratado siempre como la cuca del paseo.El tema tiene su historia. Estos anuncios en principio debían venir camuflados en secciones casamenteras o en ofertas de caballeros a señoritingas en aprietos. Poco a poco fueron ganando espacio, con la punta de lanza de la oferta de masajes, relax y relaciones indiscriminadas. Cito algunos ejemplos que provocarán más que una sonrisa: “Lourdes, milagro sexual. Tel...”, “Ejecutiva despedida por provocativa y distraer al personal. Llámame”, “¡Me caso! ¿Quieres poseerme antes de mi boda? Sólo hotel”, “Hombre casado de 42 años, gordito. Por problemas económicos me ofrezco para hacer tríos con parejas y mujeres de toda España”, “Yvonne, dulce fresa. Sólo me falta la nata”, “Labios carnosos monte pelón, grandes pechos, acepto todo”, “Prueba la silla erótica. Mari y Pili desde 2.000”, “Vegetariana. 20 a. Me encantan los pepinos”, “Me falta calcio. Dame leche”. Ya Eduardo Escobar había encontrado una perla: “Busco travesti con fines serios”.

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