La vida por delante

La vida por delante

Noviembre 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Despierta y mírame sentado a tu lado, después de tu temporada en la clínica y yo por México, contemplándote tendida con el corazón más tranquilo, en tu casa, al fin, hermanita, con tu esposo abnegado acorriéndote con el agua y las medicinas, tratando de que comas un poquito más, para que no decaigas y salgas a flote sobre esta tabla de salvación que te tendemos todos los que te amamos. El cáncer ya tomó las de Villadiego, gracias a los médicos y a la Virgen de Guadalupe. Ahora sólo queda la recuperación del cuerpo que deberás encarar con toda tu alma. Te estoy viendo cuando naciste por el año 50, en San Nicolás, un barrio tranquilo de clase media, a 60 metros de la tienda La Miscelánea, enseguida de la casa donde vivía la familia de Hernán Peláez, de cuya hermana heredaste el triciclo con plataforma que le trajera su tía Paulina de los Yunaits, enfrente de la tintorería Royal, más allacito quedaba la Pensión Valle donde nuestro tío Picuenigua iba a tomar aguardiente y a gritar en dúo con Benjamín Londoño, viva el Partido Liberal, en claro desafío a los chulavitas, y de allí nuestro padre sastre Jesús Arbeláez nos llevó a residencia propia en el barrio Jesús Obrero, donde instaló la casa de las agujas, apenas un mes antes de que explotaran los camiones con dinamita en la 25 dejando para siempre el tiempo paralizado ‘en la una temprano’, en los relojes alemanes de la iglesia San Nicolás. De allí pasó la familia, con el esfuerzo tuyo y de las otras hermanas, a San Fernando, donde el primer cáncer se llevó a papá con todo y sombrero. De allí pasaron a El Templete, y luego a la casa de Guadalupe, donde nació tu Lina y aun viven Toño y Cecilia y es el refugio de todos cuando llegamos. De allí pasaste a La Flora, donde adquiriste con tus cesantías este sitio con una bella vista a la vida. Me acuerdo como si ayer no más fuera que comenzaste a trabajar en el Palacio de Justicia cuando Armando Holguín era juez, y luego te desempeñaste como la hormiguita que eres, estrenando tus lindas blusas y cuidando las medias de las latas de los buses, en Acopi, Marcali y en el Colegio Bolívar. Viajaste a Panamá invitada por el tío abuelo Moisés, quien te contó la historia en ocasiones escabrosa de cada uno de los Arbeláez de Rionegro, que es la base de mi Casa de la agujas, novela que no terminaré sin el concurso de tu memoria y de tu gracejo.Vengo de almorzar cangrejo con los hidalgos payaneses Adolfo Vera Delgado y Juan José Saavedra, quienes superaron sus cánceres, te envían albricias y parabienes y te inscriben en el club de los vencedores.Descansa, déjame ponerte otra almohada para que te reclines mejor. Voy a cubrirte con el ropón de la Virgen de Guadalupe que te traje de Aguascalientes. No me mires así, como disculpándote por lo que padeces. Con gusto te prestaría mi cuerpo para que depositaras en él tus dolores. Ahora que llegó nuestro hermano Toñito, que se ha pasado la vida conjurando la moribundia, permíteme guardar tu mano en las mías mientras él entona sus oraciones que yo complementaré. Para empezar, aquí te dejo mi libro Culito de rana, que es un ensalmo. Porque ya también creo, hermanita, que entre todos lograremos posponer el destino. Por aquí andan Stella y Graciela, Elizabeth y Cecilia, Martica llamó de Miami preguntando por ti, mejor dicho aquí estamos todos rodeándote con tu Carlos y Carlos Mario porque Lina está trabajando. En un mes se casa tu hija, y ese inmenso motivo de regocijo te dará más alientos. Aquí vendré con los míos, para estar contigo en primera fila mientras se celebran los gloriosos desposorios. Dame tu gracia así como me diste los temas de mis poemas, perdóname cualquier ofensa de adolescencia y sigue acompañándome en esta vida por los caminos que conducen al Padre.

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