La mona Chita

Enero 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Hace 6 años escribí para celebrar el cumpleaños de este espécimen que acaba de morir de 80, con las comodidades propias de una clínica de reposo de 5 estrellas y dueña de una abultada cuenta bancaria. Las primeras películas que vi con alborozo fueron las de Tarzán, el hombre mono, en el teatro Avenida, protagonizadas por un salvaje vestido sólo con un taparrabos y un grito que horadaba la selva. Ese grito era una combinación de carcajada de hiena, do agudo de soprano, un violín y la voz aullante de Johnny Weissmüller, actor nacido en Hungría en 1904, quien en 1933 hizo la película ‘Tarzán y su compañera’, con la irlandesa Maureen O’Sullivan en el papel de Jane, y la africana Chita, de apenas un año de edad.El primer Tarzán de la serie fue Elmo Lincoln, en 1918, a quien le tocó matar un león decrépito con sus propias manos. En su homenaje bautizaron Elmo a Elmo Valencia, el Monje Loco, poeta nadaísta a quien el próximo sábado la centenaria tertulia del doctor Vera Delgado le celebrará los 86, que cumple sin soltar el bejuco. Después de Johnny pasarían otros 13, entre ellos, que yo recuerde, Buster Crabe, Herman Brix, Lex Barker y Gordon Scott. Ni el novelista ni los Tarzanes pisaron el África. No trabajaron en la selva sino en el set. Para no tener problemas con la Liga de la Decencia, Tarzán y Jane -por más que anduvieran semidesnudos-, no manifestaban alboroto sexual en su casa arbórea, y a su hijo Boy los productores hicieron que lo encontraran perdido en la selva y lo adoptaran, como había pasado con John Clayton III, lord de Greystoke, cuando a la caída de la avioneta paterna fue recogido y criado por la banda de monos mangani, en cuya lengua Tarzán traduce ‘piel blanca’. De ellos mamó su leche y aprendió su idioma, sus sentimientos y sus costumbres. En alguna oportunidad -en Tarzán contra el mundo- viajó a la civilización, a Nueva York, adonde unos secuestradores habían conducido a Boy. Cumplida su labor de rescate y asqueado, volvió a la selva. Fuera de cámaras discretas, Johnny se casaría con Maureen y tendrían numerosos hijos, entre ellos a la famosa Mia Farrow.Las películas de este personaje de Edgar Rice Burroughs me inspiraron uno de mis poemas prenadaístas: Trece Tarzanes se tragó el león de la Metro / Cada Tarzán con sus dos o tres Janes / Y hemos visto tribus enteras del África en el cinematógrafo / Esperando que el hombre-mono descienda de un árbol /Los cocodrilos bostezan en vano / Y en el zoológico la mona Chita /Hace cuentas con su empresario de que recibe más regalías que Boy el hijo /Que Edgar el libretista / Que Numa el león / Y que Tántor el elefante”.Los 80 de este exsimio hacen que figure en el récord Guinnes como el chimpancé más longevo de la historia (cifra apenas superada por el Monje Loco). Medía 1,3 metros. No era hembra sino varón y se llamaba Jitts. Vivía en ‘La casa de Chita’, una súper mansión en Palm Springs, California, al cuidado de su tutor Dan Westfall, en compañía de chimpancés, gorilas, orangutanes, monos, micos, titíes, lémures y tal cual serpiente. Le gustaba ver televisión u hojear el National Geographic en su sillón preferente. Había dejado el whisky, la cerveza y el tabaco, antes permitidos por su tutor en razón de su fama y de sus riquezas.Su única frustración fue la de no haber ganado el Oscar, en 1967, por ‘Doctor Dolittle’. Pero en el Paseo de las Estrellas, en Palm Springs, aparece al lado de Marylin Monroe y Marlen Dietrich. La mayor proeza de Jiggs, fue haber sobrevivido a las otras 3 Chitas que acompañaron a los otros 13 posteriores Tarzanes. A Maureen O’Sullivan, a quien el corazón se la llevó hace 12 años. Y a Johnny Weissmüller, quien terminó más loco que el Monje y abandonado en un sanatorio en Acapulco, emitiendo cada cinco minutos su celebérrimo grito de triunfo.

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