La calvicie quedó atrás

La calvicie quedó atrás

Noviembre 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Que un hombre salga de su casa -calvo– a las 7 de la mañana y regrese a las 10 p.m. con una soberbia mata de pelo coronándole la cabeza, es milagro más que poético y que profético que no contempla la Biblia. Porque Jesús hizo correr a los cojos, ver a los ciegos, oír a los sordos, beber agua a unos beodos haciéndoles creer que era vino, y hasta despertar bostezando a pacientes del sueño eterno, pero nunca repobló a un yermo, por más que el desentejado de Pedro se lo implorara.Un día de las brujas salí de mi casa con la calva lavada y me dirigí al consultorio de quien sería mi salvador, el doctor René Rodríguez, dermatólogo, quien me hizo sentar en su silla exclusiva para micro implantes de pelo, y sin más preámbulo que una serie de chuzones de anestesia local, procedió a rebanarme una tira de cuero cabelludo de la región que cubre el occipital, de 32 cm de longitud -porque lo hizo en curva como una prolongada sonrisa trasera de oreja a oreja-, de los cuales 24 cm eran de 1,5 cm de ancho y 8 de 1, para un área total de 44 cm2. Como mi densidad capilar es de 65 a 66 unidades foliculares por cm2, resultó un total de 2.868 injertos que el cirujano procedió a resembrar en la calva, poro por poro, abriendo primero los orificios con una aguja, luego insertando las unidades de un solo folículo con todo y pelo adelante, enseguida las de dos y las de tres más atrás, y luego de asegurarlos, lo cual significó cerca de 10 mil punciones en mi zona receptora suprasensible. 100 veces la tortura de la corona de espinas de nuestro señor Jesucristo en su ‘operación Calvario’. Pero para algo me las tiro de macho. De 8:30 a 10 a.m. se hizo la toma de la tira, procedieron sus asesoras al microscopio a sectorizar folículo y pelo, y la siembra fue de las 10 a.m. a las 10 p.m. A esa hora era un hombre nuevo. Había recuperado lo que natura me hurtó, apoyada en la ley de la herencia, que acabábamos de burlar.Lamenté mucho con mi padre renegar de su herencia alopécica androgenética, pero en primer lugar satisfice esa intriga de todos los calvos de saber cómo habrían sido de no caérseles el cabello. Tengo que aceptar que me gustó verme en cada reflejo, en espejos de aumento.Al llegar a casa, los berrinchudos de mis hijos, Salomé y Salvador, corrieron a esconderse bajo sus camas como si hubiera llegado el monstruo de la laguna negra. Hasta me tildaron de ‘guiso’. Siento un fresco pensando que en 15 años, cuando mi hijo tenga 30 y yo 82, voy a tener más pelo que él, Arbeláez al fin de cuentas. Pues se me ha dicho que, como los folículos de la zona donadora son resistentes a la caída, el trasplante capilar ha de ser efectivo y durará toda la vida. Veremos. Que si dolió mucho, es lo primero que preguntan quienes me ven, ahora sí, sonriendo de patilla a patilla como Elvis Presley, que era el modelo de mis peinados. Y ostentando airoso el copete mientras celebro apurando mis copetines. Que si me dolió, me dolió. El doctor a cada rato me preguntaba si requería más anestesia; yo le decía que no, para darme la pela. Ni grité ni lloré. Sabía que por medio del sufrimiento los cristianos alcanzan el paraíso, que en el caso mío está en la tierra, en forma de mujeres en la trastienda. Entre pelo y pelo insertado cambiaba mi mente de diapositiva amorosa. O sea que me fajé 2.868 orgasmos masoquistas virtuales. Así como había escrito que cada pelo perdido había sido un polvo expresado, el doctor me daba la coba de que con el pelo recuperado podría ser más fácilmente seducido que abandonado. Y me explicaba que así los calvos se desempeñen mejor en la cama, a un hombre con pelo se lo dan más fácil. (Continuará)

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