Gud bay Manson

Gud bay Manson

Noviembre 27, 2017 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Un equívoco pretendido nuevo Cristo sobre la tierra, hippie que enlodó la doctrina de paz y amor al revelarse como el asesino más repugnante del Siglo XX, acaba de morir en su celda de la cárcel de Corcoran, California, tras pagar casi 50 años de cárcel. Susan Adkins, su principal cómplice en el asesinato de la preciosa Sharon Tate y sus invitados, terminó a su vez muriendo en su celda. Desde la cárcel el torcido taumaturgo consiguió el amor de una chica de 17, que lo ha acompañado de lejos en los últimos siete, y hasta había conseguido licencia para casarse con ella. Lo que esperaba, vino a saberse, era heredar su cadáver y exhibirlo embalsamado en una cueva mausoleo para la dolarada adoración de los fetichistas. Manson posaba además de músico de la peor estofa y terminó inspirando películas y hasta a Marilyn Manson.

El fundador del Nadaísmo publicó en el 70 esta requisitoria en la revista del grupo, bajo el título El genocida de Cielo Drive. Pido licencia al periódico para insertar una parte. Así hablaba Gonzalo Arango:

“Muy bien, maten si quieren al ‘hombrecillo’ Charlie, para eso ustedes hacen las leyes y pagan los verdugos de la silla eléctrica. ¡Salven a la Gran Sociedad de este monstruo genocida! Condenen sin piedad al bastardo al desalmado al impostor nazareno del Cañón de Topanga que se hace pasar por Jesús. Achicharren su pellejo en electricidad hasta que hieda. Hasta que reviente… Cóbrenle caro a esa basura la linda estrellita Sharon Tate y su bebé y las otras celebridades de la noche horrorosa del crimen de Bel Air… A sangre fría, a fuego lento de electricidad, con un tiro de gracia, en el patíbulo, con el tajante ‘corte de franela’ democrático de la guillotina… ¡o en la cruz! Para escarmentar a los falsos profetas dementes de Dios: los hechizadores de almas bajo la Luz de Oriente. ¡Aticen la silla del voltaje civilizador! Matar en nombre de la ley no es matar. La venganza es una virtud democrática. ¡Ardan al bastardo en nombre de Dios y las estrellas tetonas de Hollywood!... de Sinatra y la pandilla millonaria de Las Vegas… del celeste Empire State Building y la Estatus de la Libertad… En nombre del Honor Americano y de la Muerte maten al ‘hombrecillo’ que oraba por nosotros en el monte de los olivos de Topanga.

Para la democracia de América da lo mismo que la víctima se llame Jesús, José, Mary, Manson, que el suplicio sea cruz, bala, río, electricidad. Ante todo el Dólar y la Gran Sociedad. Man-son, Hijo del Hombre, como su antepasado que iba a purificar su alma y orar a Dios en los desiertos judíos por la salvación del mundo. Mátenlo también pero recuerden lo que hacía en el Cañón de Topanga: –Yo había decidido ir a las montañas para hablar a Dios y excusarme ante Él por esos 19 siglos de fango. Mátenlo, aunque diga a su abogado en la Cárcel Más Grande del Mundo: –No pueden hacerme nada. Mátenlo, aunque él cree que es imposible. –Pueden destruir mi cuerpo pero no pueden matarme. Mátenlo, pero escuchen su última canción hippie: –Dicen que no soy bueno pero a mí me da igual. Retírate de la corriente no perteneces a nadie. Maten al asesino mesiánico que mataba religiosamente por Amor para salvar al Hombre de los Poderes Tenebrosos del Imperio. Mátenlo pero recuerden su filosofía de calabozo: 22 años bajo las botas y las porras con que me han aplastado. Mátenlo pero bien matado en nombre del Limpio Estilo Americano. Y después de la ceremonia: “¡Comed hamburguesas McDonald’s. Hasta hoy hemos servido mil millones”.

Gud bay Manson, pobre hijo de puta.”

Lo único que consiguió la pluma filuda de Gonzalo Arango con este feroz alegato, que no sólo era contra el infeliz criminal sino contra la justicia norteamericana, fue que se le conmutara la pena de muerte por la de prisión perpetua.

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