Gilberto Cerón

Junio 05, 2017 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Qué alegría da ver cómo los homenajes a los artistas se celebran en vida, cuando aún se está dando con el martillo, cuando las visiones están en pleno, cuando luego de haber dado maravillas al mundo el espíritu que no desmaya se prepara para dar más. Tengo entendido que la Vicerrectoría Académica, la División de Biliotecas y el Departamento de Filosofía de la Universidad del Valle, organizan cada seis meses un evento sobre un artista residente en la región del Valle del Cauca, y esa distinción ha recaído esta vez en el artista girardoteño Gilberto Cerón. Y así, el próximo 9 de junio, en la Biblioteca Mario Carvajal, tendrá lugar el honroso acontecimiento. A las 5 p.m., en el Auditorio Ángel Zapata, el brillante y reconocido crítico Eduardo Márceles Daconte pronunciará su conferencia ‘Gilberto Cerón: un universo artístico en la posmodernidad’. En la sala de exposición, a las 6:30, se verán las obras en gran formato de la serie ‘Tumbas para serafines ápteros’. Camino a esta sala se podrán admirar algunos colgantes de la instalación ‘El edicto de Etreum’, y también unas piezas eróticas, miniaturas en yeso y en porcelana. Y habrá el lanzamiento de la revista catálogo, ‘¿Qué estás mirando?’, dedicada por completo al artista. Un verdadero banquete para los sentidos de quienes vibran con el arte exquisito.

¿Y quién este pintor residente en Cali, luego de una intensa vida artística en Bogotá? Gilberto llegó a Cali en busca del calor solar de unos brazos, los de nuestra más cálida poeta en el mejor sentido de la palabra, y allí ha permanecido. Entregado a la búsqueda y a la creación de obras meticulosas, donde prima el erotismo por sobre todas las consideraciones, en una sensualidad desbordada que atempera la magnificencia de su técnica. Y entre cuadro y cuadro, ejerce como poeta para continuar indagando sobre otro tema de su incumbencia como es la muerte (en El edicto de Etreum vemos cómo esta última palabra es el revés de la parca). No resisto transcribir su poema Signo: “Miras por la cesura de tu mano / como único habitante del poema. / Lector, caminas hacia la muerte. / Tú, signo, que se borra y se reescribe. / Es otra estrofa la espera en algún libro.”

Transcribo las palabras del crítico Márceles acerca de la obra que expone: “Su serie Tumbas para querubines ápteros (sin alas) se desarrolló a partir de una primera pintura de 1977 que recreaba un paisaje abstracto de rojos encendidos y grises pálidos en acrílico y tintas sobre tela. No tardó el artista en explotar el tema pero, en lugar de un paisaje convencional, eligió penetrar el subsuelo en composiciones segmentadas por manchas de colores que semejan estructuras cavernosas, estratos sedimentarios, huellas fosilizadas sobre la roca o fracturas geológicas que remiten a nuestra historia trágica de tumbas para inocentes angelitos a quienes les han mutilado sus alas ya sea como víctimas de una sociedad que les impide acceder a una educación de calidad para un futuro esperanzador o mártires de nuestra legendaria violencia.”

De los artistas que conozco, y conozco bien bravos, este Cerón se lleva la palma en iconoclastia. Su obra compleja, que excede la mera pintura para acceder a la informalidad de la creación de objetos perturbadores, puede sugerir el exceso de un polvo que un deceso hacia el polvo. Filosofa en sus obra, pesquisa, interroga. Sus falos y vaginas rebasan los kamasutra hacia una interpretación casi de perversidad metafísica. Es un seductor nato, a lo Byron, contando con su leve cojera que suele conducirlo más lejos de donde apunta.

Qué buena paraje que hace -o hacía– con Orietta Lozano, esa pluma de ángel que también sabe que la mejor manera de llegar a la cúspide es de la mano de un desenfrenado erotismo.

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