¡Feliz año para Cuba!

Diciembre 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Si alguien le hace un favor al país en donde uno vive, y ese favor es la consecución de la paz, y ese alguien es nada menos que otro país, es apenas consecuente hacerle una visita de cortesía portando los consecuentes abrazos a los amigos. Recibí invitación del director de la Asociación de Escritores de Cuba, Álex Pausides y su esposa Aitana Alberti, a pasar una temporada en la isla con mi familia, Claudia, Salomé y Salvador, tomar la palabra en algunos foros poéticos con ribetes políticos, compartir con poetas conocidos de antaño y por conocer, y repartir a tutiplén cientos de manifiestos de los nadaístas pacifistas sobrevivientes, “A la mierda con la guerra”. Comenzamos a sentir los efectos del bloqueo al no poder utilizar para compras ni para avances nuestra tarjeta de crédito por su origen norteamericano, dificultad que solventamos al encontrarnos de casualidad a mi cuñado Esteban Jaramillo en el Hotel Nacional, luego de la apertura del espectacular Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano, al que íbamos abonados, y que nos dejó deslumbrados, además de orgullosos con la largamente aplaudida película de Sergio Cabrera, ‘Todos se van’. Nuestro anfitrión nos cedió su departamento de trabajo y nos confió a la guía de la acuciosa y afectiva Marlene Alfonso, quien fue nuestro ángel custodio por las diferentes estancias de La Habana, catalogada desde el segundo día de nuestra llegada, en Dubai, como una de las siete ciudades maravillas del mundo. Con el manifiesto a cuestas de apoyo al proceso de paz y reconocimiento a la labor mediadora que adelanta nuestro hombre en La Habana, el nadaísta Humberto De la Calle, hice recitales de poesía nadaísta y conversatorios en las sedes de la Uneac en la capital, con asistencia del embajador Gustavo Bell, en Pinar del Río, en Sancti Spiritus, en Santa Clara y en Cienfuegos. Y en la sede del Alba, en medio de la exposición de fotos de 70 poetas caribeños del ‘Catire’ venezolano Enrique Hernández D’Jesús, que hizo las delicias del público. El hecho de apoyar la búsqueda de la cesación del conflicto y estar en Cuba no implicaba para nada estar de acuerdo con los métodos de combate de nuestra guerrilla, como el de Bojayá, que bastante desdibujada quedaba frente a la imagen del guerrillero heroico impulsada por el “Che”. Lo entendieron, pues no es para nada unánime la solidaridad con las formas de lucha de Timochenko, ni aún entre los más duros. Caminamos con devoción la preciosa ciudad de Sancti Spiritu, donde hablamos para los estudiantes espabilados y en Cienfuegos acudimos al Museo de la Guayabera, donde se exhiben prendas usadas por Fidel y todo el histórico estado mayor guerrillero, jefes de estado y famosas personalidades de la cultura, entre ellas, por Colombia, las de García Márquez y Óscar Collazos. Tratamos de comprar esta última pero el precio era exorbitante. En Santa Clara visitamos el Memorial donde reposan los restos del Che y de la mayoría de sus compañeros abatidos en Bolivia, y al salir, recibimos la noticia de que están hablando al tiempo Obama y Raúl, anunciando que se aproximaban relaciones diplomáticas entre Goliat y David, lo que podría implicar el desmonte del bloqueo. En una de las calles de La Habana habíamos visto una valla enorme que rezaba: “El bloqueo, el genocidio más largo de la historia”. Ello, con el retorno a casa de sus cinco héroes, era la noticia más regocijante que había recibido el pueblo cubano desde el triunfo de la revolución. Nos unimos a la celebración colectiva. Para completar el regocijo, supimos que la guerrilla pedía sincero perdón por las víctimas de Bojayá anunciando reparación, y declaraba el cese unilateral del fuego durante la Navidad. Aclarando que, si los atacaban, se reservaban el derecho de defenderse. Valga la espina.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad