Escritor y niños muertos

Febrero 09, 2017 - 06:55 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Pareciera que en un mundo en guerra, comenzando por nuestro país, a nadie le interesara leer libros que no fueran El arte de la guerra, Los desnudos y los muertos, Sin novedad en el frente, El fuego o Kapput, con todo lo añejo de las ediciones. Pero pensándolo bien, nadie lee nada de nada, prefiere ver la guerra por la televisión o por la ventana, y cuando se siente obligado a leer algo porque el empuje de la obra lo deja sin escapatorias, busca la forma de aniquilar ese éxito con apreciaciones descomedidas. Señores y señoras circunspectos, en el mejor restaurante de carne de res del mundo, se dan el lujo de expresar de una obra de García Márquez que es una triste apología de la pedofilia, y que si el protagonista no accede carnalmente a la niña es por física imposibilidad física, vale la redundancia. Que haya en el tema un respetable antecedente japonés, también Nobel, no rebaja el pecado, extiende la sanción al nipón. Así las cosas, los escritores tendremos que esconder nuestros temas medio escabrosos, mientras los sicópatas, como los que hace tiempo raptaron a la infante de seis años Karmen Julissa Ramírez de su escuela en Tuluá, la llevaron a una zanja, desnudaron, violaron, ahorcaron y enterraron dejándole una patita al aire, como la encontrara su tía, fueran los únicos que pudieran tratar con niñas, sin condenación por parte de los delicados comensales. No escribas sobre esos temas tan áridos, me dice el gurú, Colombia necesita respirar con textos amables, escribe por ejemplo acerca del sol del domingo, saca a relucir tu lirismo, así nadie se sentirá mal contigo. Cómo no. Si bien no soy ningún Molano, mucho menos un Caballero y ni siquiera un Collazos, tampoco soy experto en el arte de ocultar la cabeza. Aunque la última vez que ayudé a alguien a cargar su cruz, Cirineos envidiosos me clavaron en el anverso. No tengo nada contra la belleza de los soles dominicales, pero mientras el astro brilla cientos de campesinos, indígenas, indigentes y sindicalistas son masacrados por verdugos en busca de indulto. Entonces se le ahogan a uno los chistes en la chistera. Y volviendo a los niños, son violentados, en sus derechos humanos y en sus tiernas nalguitas, y no propiamente por García Márquez. Porque algo va de Gabito a Garavito, carajo. Cosas parecidas se dijeron de Vladimir Nabokov cuando publicara Lolita. Un editor le insinuó, para publicarlo -y él lo cuenta en su prólogo-, que cambiara la niña de 12 años por un niño de 11. Triunfó el libro, por sus méritos literarios, en una sociedad calvinista, y el autor se convirtió en nuestro ídolo. Aunque Humbert Humbert, el personaje cuarentón si se merendó a la pelada. Pero una cosa es la ficción en la prosa, y otra es la crucifixión de nuestros chiquillos.Cuatro niños por día son asesinados en nuestro país de las balas perdidas. Víctimas del morbo sexual o del morbo bélico. El último crimen espeluznante se perpetró en Marinilla, en la pequeña humanidad de Cleyver Darío Hoyos, cuyo cuerpo de ocho años apareció mutilado luego de dos meses de secuestrado. El estupor y el coraje enrojecieron a la ciudadanía. Y el pueblo no volvió a ser el mismo.Se sabe que hasta los más feroces criminales se la juegan por sus hijos y han caído por comunicarse con ellos. Entonces, ¿qué tipo de carniceros pueden ser quienes se ceban en la infancia con tanta infamia? ¿Qué precio puede llegar a tener la vida de un niño o su libertad? ¿Habrá algo peor que el infanticidio? ¿O que un genocidio de infantes, como lo estamos viviendo?Con razón Colombia se está poblando de ancianos.

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