Erotismo para el peatón

Marzo 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Cuando comencé a escribir para la prensa, allá por el no tan lejano 1960, a un tiro de piedra del poder joven, uno de los temas más delicados de tratar era el erotismo, por considerarse inmoral, así no se cayera en la pornografía. Igual en la escuela y en el colegio, el tema del sexo no se contemplaba sino en los baños. En la casa, con mucho tino, a lo único que prevenían al muchacho era a cuidarse de los cacorros, que acechaban en cada esquina.Ahora el erotismo y sus múltiples manifestaciones y problemas se enseña y refriega desde las páginas de los periódicos y los programas de radio y televisión -por parte de muy atildadas y expresivas doctoras en el comportamiento rijoso- y en los tableros de clase con todo tipo de gráficas. Como una expresión adelantada del amor, con el que no pudimos desarmar los espíritus. Porque el erotismo, en los terrenos del amor terreno, implica un encuentro donde cada contrincante vence y es vencido, y disfruta por igual de su victoria y su derrota. El amor alcanza su premio de montaña en el erotismo y el erotismo por lo general se estrena haciendo el amor. El amor ha tenido más prestigio que el erotismo, por cuanto la escuela del Cristo hizo su enseña del amor por el prójimo. Previniendo, con el “no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”, de solicitar a la amante el servicio innombrable, además de doloroso. Y condenando a la praxis erótica, si no a las tinieblas exteriores, por lo menos a practicarse debajo de la cobija. Pero con la emancipación de la mujer y la entronización del orgullo gay, ya el camino parece allanado para que el sexo se dé con desparpajo en espacios abiertos, al aire libre, libre de tabúes, de restricciones. Antes era una trasgresión el simple besarse en la calle, en un parque, corriéndose el riesgo de ir a parar a la inspección, por no pagarle pieza a la chica, como gritaban a dúo patos y sapos. Ahora vemos parejas haciéndose el amor en cabinas telefónicas, en cajeros automáticos, en salones comunales, en terrazas, en las piscinas. Si pudieron implementarse las playas nudistas, ¿por que no podrían establecerse calles nudistas, o barrios nudistas, o ciudades nudistas, o edificio nudistas, como ya hay casas? Decía Gaitán Durán que a los poderes de la guerra y de la violencia sólo podría contrarrestárselos con un desenfrenado erotismo. Tal vez siguiendo el razonamiento de López Michelsen en el sentido que nuestra atávica violencia radicaba en que éramos un país mal tirado. Tal vez por las taras católicas inculcadas desde los púlpitos. ¿Qué puede suceder cuando un hombre y una mujer se miran en una calle y se opera el circuito de la atracción? Que, con el policía de turno haciéndose el bobo, puedan dedicarse a las caricias estrechas en la cola del MÍO. Cuando todas las ciudades eleven sus cantos a la vida a través del amor y del erotismo, comenzaremos a darnos cuenta que no vale la pena matarnos, que cada cuerpo es bendito, porque puede ser para la celebración del cuerpo vecino. Han pasado 50 años y no cambio de tema, ni en la comunicación pública ni en la privada. Lo que celebro es que los periódicos sean más abiertos de páginas, dado el paso arrollador de la expresión libre del pensamiento, y a que la Iglesia tuvo que ceder en su zancadilla. Porque ahora el sexo es una oración, la mejor de todas, ya se practique a solas, en pareja o en grupo. Ya me puedo dedicar en mi obra, sin ningún reato de conciencia, a la dura pornografía, cuidándome de no ir a caer en el erotismo ligth.

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