El profeta de la nada

Septiembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Vamos Gonzalo Arango*, es hora de regresar a casa. Sacude esos huesos. Se te ha llegado el día, ponte el alma. Se te ha llegado el tiempo, ponte tu sobretodo, sobre nada. Yo recojo mi cadáver, fue uno de tus primeros cuentos, uno de aquellos textos con que nos reclutaste para tu causa finita. Pero fuimos nosotros, esta pandilla de poetas menores de edad de hace 57 años, quienes recogimos lo poco que de ti quedaba, un puñado de polvo sobre la tierra estéril, para conducirlo al sitio donde naciste en 1931, donde te comiste las primeras guayabas y te bañaste desnudo en el río San Juan. Hasta Andes.“Nací en Andes, un pueblo sin gloria que se hará famoso por mi nacimiento hace treinta años y muchos meses”, escribiste cuando tu mano era diestra sobre la tecla dura. Tan pronto como pusiste punto final a la última frase de tu última página: “Bien o mal, he cumplido. Muchas gracias”, te diste contra el mundo y con la culata de un bus te partiste la cabeza de piedra despilfarrando tus últimos pensamientos. Allí fue cuando comenzó tu verdadera errancia por el vacío, después de tus errancias por el ser del que desertaste.De la carretera asesina al sórdido anfiteatro donde cambiaron tu cerebro por una toalla enrollada, de la Funeraria Gaviria empijamado de cedro por avión a los Jardines de Paz en Medellín donde más tardecito te cayó Dariolemos, del ataúd a la fosa, de la fosa a la cripta, de la cripta a la urna, hasta que hace 20 años el pueblo de Andes pidió en un plebiscito firmado hasta por un monseñor tu retorno, ya ni siquiera en cueros como viviste, ni siquiera en los puros huesos, sino en físico polvo para estrenar el cenizario del cementerio. Dijo la revista Semana que regresabas como un hijo pródigo. Pero habría que corregir que retornabas como un hijo prodigio.Se te ha llegado el día, Gonzalo, ponte cómodo.Íbamos en el cortejo, acompañando a tus hermanos Jaime y Amparo, el Niño Dios del grupo Eduardito Escobar con el ponqué de sus 50 años, Elmo Valencia el monje zen-zen autor de Islanada donde mueres devorado por el cerdo del sistema; Pablus Gallinazus mascando las flores de la carroza y cantándote el himno del viento; Alberto Escobar Ángel pensando en poner a andar nuevamente ‘el inventico’ con sus piernas artificiales; Barquillo echándose bendiciones para no entrar en la iglesia porque no puede ver alcancías; el Cachifo Navarro celebrando con aguardientes dobles Los Días más Felices del Año que serían los que te esperaban per secula; Alfredo Sánchez con los fotógrafos de Esquirla para reseñar en sus páginas esta nota social de ultratumba; Dora Franco, la franco tiradora con su cámara cada vez más ardiente en sus manos. De mí no digo nada pero recuerdo que iba tropezando con la vista nubosa, con mis zapatos viejos amarrados a mis dos pies, por el camino que no conduce a ninguna parte que nunca pavimentamos.Toda esta serenata se había gestado en el cerebro del andino Juan Carlos Vélez, según noticias previas y comprobadas no sólo tu vivo retrato sino tu esqueleto con carne, y quien se comprometió para siempre a cuidar tu estación final de los profanadores de tumbas, recordando que un fetichista -y no tú como te endilgaron- se robó el cráneo del maestro Fernando González).De Medellín partió la lenta caravana hacia Andes. Escuchamos una misa por tu eterno retorno. Con un libro, un manojo de siemprevivas y un frasco de bronceador, te dejamos instalado en tu panteón, todavía en obra negra.Han pasado todos los años. Se te llegó la hora, ponte mosca. Y por favor, profeta, no te levantes.*El 25 de septiembre se conmemoran 39 años de su desaparición. Fieles a su memoria, aquí vamos los que seguimos.

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