El Monje zen

El Monje zen

Febrero 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Monjes Jaime Jaramillo Escobar, Eduardo Escobar, Pablus Gallinazo, Armando Romero, Patricia Ariza, Pedro Alcántara, Álvaro Barrios, Dina Merlini, Álvaro Medina, Jan Arb, Rafael Vega-Jácome, Dukardo Hinestroza: A la edad de 44 años a Elmo Valencia le dio porque se pensaba morir. Se lo comenté a Gonzalo Arango y este, en su Carta a los nadaístas en crisis, escribió: “Monjecito, no te mueras. ¿Por qué te piensas morir este año como le dijiste a Jota? ¿Es que ya no eres más nadaísta, monje zen-zen? Y si te mueres, ¿quién se va a reír por nosotros, monje de risa loca? Yo te digo, con la mano en el corazón, Monje inmortal y loco: ni el Nadaísmo ni Colombia ni la literatura merecen un polvito de tu sexo sin amor, ni una uña de tu zapato vacío de tu vagabundo zen-pie, ni una oda póstuma de tu silencio, ni el diente podrido de tu risa, la más pura y alegre y llena de bendiciones que ha resonado en los trágicos horizontes de nuestra era y nuestra generación. ¿Por qué nos quieres ahora ahorrar tu trágica alegría, la copa para el nadaísmo llena de tu risa para nuestra sed, para nuestras lágrimas? ¿Por qué amenazas con pelar el diente de la tristeza, Monje inolvidable e inmorible?”.Así sabía mantener vivos el profeta a sus monjecitos. Por entonces no murió el monje loco sino su infante, atropellado por las cuatro ruedas de la desgracia, y tuvimos que hacer vaca para enterrarlo.Han pasado otros 44 años y Elmo ahora tiene 88. Acaba de terminar su novela El cielo de París, una continuación de la Ilíada, donde el héroe es el cobarde raptor de Helena, que en castigo por causar la ruina de Troya y la muerte de tantos valerosos guerreros, es condenado a la inmortalidad y a luchar en todas la guerras que en la humanidad se sucedan. Hasta que llega a Colombia. La célebre Ciudad de los Gatos, esa novela escrita en los Estados Unidos con que al principio del nadaísmo nos deslumbró a través de tres o cuatro fragmentos que publicamos en Esquirla, se le perdió. Igual pasó con Bugambilia, la ciudad donde ocurrían esos hechos insólitos que aparecían en los cables de la UPI. Me da tristeza haber sido su único lector. Islanada, la historia novelada del nadaísmo que tuvo lugar en una isla enfrente de Tumaco le fue publicada por un amigo que le regaló la edición que él fue vendiendo de mano en mano. Sus cuentos, reunidos en El Universo Humano, fueron publicados por Felipe Domínguez en Ediciones Xajamaya. Una antología de Cuentos del Nadaísmo, por Panamericana. Las bodas sin oro, celebración de los 50 del nadaísmo, por el Distrito. Aparte de las ediciones antológicas El profeta de la nueva oscuridad, y las de todos los demás nadaístas en su revista portátil.De su estancia en Tumaco trajo el Zen y lo incorporó al Nadaísmo como N-Z, para a través de los koans de nuestra esquizofrenia consciente encontrar la iluminación en el infierno que es esta patria. Siguió su ruta de monje zen masticando su grano de arroz mil quinientas veces. Pero con los 88, sin ningún familiar a mano y sin un grano de alpiste en su mesa, a este desasistido autor, orgullo de nuestra generación y de Colombia, le colapsó la columna vertebral y ahora está en el Hospital San José, en Bogotá, con el amable apoyo de la Secretaría de Cultura.El motivo de este mensaje es pedirles que le hagan por lo menos una llamada para que sepa que todavía lo pensamos y lo queremos, pues en la misma carta Gonzalo nos requería: “Queridos monjes, lo mejor de nosotros no es el Nadaísmo, somos nosotros. Lo más bello de nuestra poesía no es la Poesía: es nuestra vida. Lo más eterno de nuestra gloria no es la Gloria: es nuestra amistad por encima de todo y de todos”. Su teléfono es 3212044045. C.C. Gonzalo Arango, Amílcar Osorio, Alberto Escobar, Humberto Navarro, Jaime Espinel, Guillermo Trujillo, Alfredo Sánchez, Diego León Giraldo, Augusto Hoyos, Luis Ernesto Valencia.

VER COMENTARIOS
Columnistas