El final de un sueño

Abril 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

A Carlos GaviriaSueño un país donde los campesinos, sometidos a la pobreza, a la polarización y al apremio de salvar sus vidas, no tengan que pagar el servicio militar en la guerrilla o entre los paramilitares; no tengan que elegir entre ser sembradores de coca o raspachines, y terminar como desplazados con sus familias a la sombra de los semáforos.Sueño un país donde se les restituya la tierra a los despojados y se le otorgue al que la trabaja. Donde se haga una realidad la eternamente postergada reforma agraria. Y donde los propietarios de fincas puedan volver a visitarlas sin temor al secuestro, la vacuna y el boleteo.Sueño un país donde el campo en paz vuelva a ser surtidor de despensas de las ciudades, y las ciudades el sostén de sus abastecedores, no sometidos a condicionamientos ruinosos, como que sus productos naturales vengan a menor precio de los silos del imperio.Sueño un país donde la guerrilla negocie la paz para que sus integrantes, que una vez ingresaron pensándose liberadores, dejen de ser los vergonzosos guardianes de 3.000 secuestrados. Y sueño que se solucionen los problemas de injusticia social que hicieron que la guerrilla surgiera.Sueño un país donde las niñas del campo no sean ejecutadas por paramilitares por ser novias de un guerrillero o por guerrilleros por ser novias de un paramilitar; donde los campesinos no sean asesinados por haber ofrecido un vaso de agua a unos o a otros.Sueño un país donde el paramilitarismo como doctrina no se convierta en una alternativa de gobierno, ni en fuerza económica que controle medios de producción.Sueño un país con una izquierda fortalecida por el reconocimiento de sus errores y la contundencia de sus ejecutorias; una izquierda humanista, que haga posible el surgimiento del hombre nuevo.Sueño un país donde quienes quieran trabajar trabajen y tengan una remuneración digna, donde se cualifique al trabajador por sus conocimientos y no por el poder del dedo recomendante. Y donde haya un seguro de desempleo para que quien se queda en la calle no tenga que rebuscar entre basuras.Sueño un país donde no haya que pagarle impuesto al Estado por consumir un vaso de leche, comerse un huevo, utilizar papel higiénico o leer un libro.Sueño un país donde la legalización de la droga acabe con la pesadilla del narcotráfico y sus secuelas: la financiación de toda clase de grupos al margen de la ley, el desengatillado comercio ilegal –y legal– de armas, el soborno, la corruptela.Sueño un país donde la justicia no ampare la violación de la ley, donde impere la justicia social para que los desamparados no tengan necesidad de nuevos sublevamientos.Sueño un país donde el poeta sea la voz de la tribu, donde los escritores, artistas, compositores vivan de los frutos de su ingenio, y que cuando los sorprenda la vejez y la muerte no sea en los refugios de la pobreza absoluta o relativa. Donde al final sea sancionada la famosa ley del artista, por tanto tiempo postergada, que dejó morir sin verla a tantos otros maestros.Sueño un país donde siga siendo mi hermano quien piense lo contrario de lo que yo pienso. Con quien podamos dirimir nuestras diferencias con abrazos y no con picos de botella.Sueño un país donde no lo vuelvan a uno a pescar de noche.Sueño un país gobernado por un hombre íntegro, probo, capaz, que conozca las dificultades del hombre común, ese que hace posible que el país salga adelante; un hombre que no tenga miedo de poner en marcha las medidas que hagan posible que Colombia sea el paraíso que por ahora nos oculta la humareda del conflicto armado.Sueño que este sueño me lo puede cumplir Carlos Gaviria.(Proclama escrita y publicada en mayo 24 de 2006, bajo el título ‘El país que sueño’)

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